Galicia mira hacia los «makers» para dar músculo a la innovación

Makers. La palabra corona la entrada a una de las salas del primer piso de la Casa del Hombre, en A Coruña. Ahí, los martes y viernes, los miembros de Bricolabs, una asociación que reúne a todos aquellos que quieren colaborar en el diseño, construcción y testado de todo tipo de aparatos y gadgets, al estilo de otros hackerspaces y fablabs del mundo, se convierten en artesanos. En lugar de usar la forja como un herrero, o el cincel como un cantero, utilizan software y hardware libre para crear. Su objetivo es desarrollar proyectos que mejoren el mundo. Todo lo que hacen lo comparten. Son uno de los muchos colectivos ligados al movimiento maker (basado en el ‘hazlo tú mismo’) que hay en Galicia. Aunque lo que mueve a esta asociación es un fin altruista y educativo, hay quienes comienzan a verlo como algo más que un entretenimiento. De hecho, es una oportunidad de negocio porque, como explica Marcos Saavedra -cofundador del proyecto de innovación educativa Vermislab, en Santiago, y uno de los organizadores de la feria de inventores más grande de España (más de 10.000 asistentes en su última edición), la Maker Faire Galicia- esta tendencia «muda o xeito de entender a innovación a nivel mundial xa que se comparte o coñecemento en aberto e se democratiza o uso da tecnoloxía. A innovación que xurde é máis disruptiva e xérase fóra das grandes corporacións, sendo estas en moitos casos as que recorren aos makers para mercar solucións. Tamén ocorre que a miúdo estes soben os seus proxectos ás plataformas de crowdfunding e logo crean empresas coas que poden traballar do que máis lles gusta».

No hay duda de que en Galicia los engranajes que mueven esta cuarta revolución industrial, la de la industria 4.0, empiezan a moverse. Dice Marcos Saavedra que «xogamos con vantaxe porque aquí fomos sempre de andar argallando». Hay quienes desarrollan sus proyectos para contribuir de forma gratuita al bien común como Bricoslab, que cada noviembre organiza en A Coruña una feria de proyectos cuya única premisa es que sean libres, pero también emprendedores que han montado su propia empresa basada en el uso de software libre como Orballo Printing, en Vigo; MakerGal, en Padrón; PsicoVR, en Pontevedra; Lupeón 3D, en Nigrán, o la propia Vermislab, en Santiago.

Un músculo para innovar

Pero poco a poco, la curiosidad lleva a corporaciones más grandes a tocar a la puerta de estos «hacedores» para intercambiar sinergias. La razón la resume Fernando Segade, del departamento de desarrollo de negocio de Finsa: «Este movimiento nos da la oportunidad de aprender unos de otros, pero al mismo tiempo reduce costes en innovación. Los fondos que una empresa tiene que dedicar a desarrollar I+D pueden ser una barrera. Por eso, es muy interesante habilitar espacios comunes para compartir conocimiento». Lo que más admira: «La capacidad que tienen para prototipar y testar una idea dirigida a satisfacer una necesidad».

José Andrés Arias, del departamento de diseño industrial de la compañía, añade que «la innovación está abierta a la participación y las empresas pueden sacar partido a eso». Porque, como dice, «los makers desarrollan su inquietud y cumplen el sueño de trabajar en lo que les gusta, pero también hay que intentar que eso sea sostenible». Finsa fue una de las corporaciones que estuvieron en la última Maker Faire Galicia, celebrada en noviembre en Santiago. Contribuyó con la conferencia del ingeniero de Firstbuilt (comunidad de la norteamericana General Electric) Tomás Garcés.

«Organizamos unha xornada para profesionais porque vemos unha sinerxia clara e cremos que podemos facer moitas cousas xuntos», dice Marcos Saavedra. De hecho, él y su socio Enrique Saavedra comenzaron poniendo en marcha Vermis Project, que es un estudio que realiza proyectos de innovación educativa, empresarial y social a nivel nacional e internacional. Uno de estos proyectos en el ámbito de la innovación educativa es VermisLab, basado en los principios de esta tendencia, pero también en el design thinking, una metodología de innovación promovida por Stanford que conjuga la inteligencia emocional, el pensamiento creativo y el analítico, potenciando la visión integral y el trabajo en equipo. Empresas como IBM, Google o Toyota ya la han aplicado. En VermisLab aprenden haciendo y trabajan por proyectos. Ofrecen desde talleres relacionados con la ciencia, creatividad, programación o robótica, a actividades extraescolares para niños y niñas a partir de 4 años o campamentos como Colonizando Marte, que se celebrará en Semana Santa.

Otra prueba de que el movimiento maker viene para quedarse es que en Estados Unidos, grandes multinacionales como Tesla, que ha liberado sus patentes, o General Electrics se han sumado a este nuevo modo de entender la fabricación y el desarrollo. Nacido en el 2005 a la sombra de la revista Make, lanzada ese mismo año por la factoría O’Really Media, y potenciado luego a partir del 2006 con la puesta en marcha de las primeras Maker Faires promocionadas por uno de los cofundadores de O’Really, Dale Dougherty, genera ya millones de dólares en todo el mundo.

Ha popularizado la puesta en marcha de espacios de co-creación como el altruista Bricoslab, en A Coruña; Recuncho Maker, en Santiago; Makers.lugo, en la ciudad de las murallas; Amigus Labs, en As Pontes, o A Industriosa, en Vigo, pero también el desarrollo de la impresión 3D, sobre todo desde que caducó la patente.

Un ejemplo de esto último es la empresa Orballo Printing, surgida en el 2014 en Vigo. Sus dos socios, David Rodríguez y Hugo Fernández, eran amigos en Secundaria. Cuentan que al comenzar a estudiar ingeniería, y tras la democratización de la tecnología con la liberalización de las patentes, empezaron a interesarse por la fabricación aditiva. Con una escasa financiación, juntaron el capital inicial para montar su proyecto empresarial con una campaña de crowdfunding. «Investigando el mercado de las impresoras 3D maker, creamos un producto innovador y de calidad para cubrir un nicho de mercado emergente y con gran proyección de futuro», dicen.

Fue a mediados del 2015 cuando lanzaron sus impresoras de fabricación propia. La polivalencia de materiales, distintos volúmenes de impresión y la cinemática de alta precisión los convirtieron en una compañía competitiva a nivel global porque, como explican, «nuestros productos son muy interesantes para empresas que implementan esta tecnología a sus procesos de fabricación y diseño, con un coste de compra bajo y un retorno por pieza elevado en comparación con los procesos tradicionales de fabricación».

Otro ejemplo es MakerGal, en Padrón, dedicada al diseño y fabricación de impresoras 3D como los modelos Mendel Max XL o la P3steelV4. Su fundador, Álvaro Rey Rodríguez, dice que es de «los viejunos» del sector. Empezó en el 2013 y tiene claro que «la comunidad gallega es un referente en España».

Hace cinco años, Luis Mandayo y Adrián Sánchez se lanzaron desde el movimiento maker al sector empresarial para montar Lupeon 3D, en Ordes. El proyecto empezó a crecer. Cuenta Luis que acabaron cambiándose al polígono de Porto do Molle, en Nigrán, «para estar más cerca de nuestros clientes». Ahora trabajan para la industria del automóvil y aeronáutica. La ventaja del movimiento para Luis: «Da la oportunidad de desarrollar una idea y montar una empresa que acabe trabajando para la gran industria».

Más reciente es PsicoVR, una empresa creada en diciembre en Pontevedra por Lucía Maneiro y Rafael Tourón, quien dejó su trabajo para dedicarse a hacer lo que le gustaba. «Aunque llevamos desarrollando el proyecto desde el 2016, como empresa empezamos hace unos meses. Usamos la realidad virtual para tratar fobias. Nuestra herramienta está dirigida a gabinetes de psicólogos», explica Lucía.

La misma filosofía que fascinó en su día al expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama, es la que seduce ahora en Galicia a decenas de personas ávidas de conocer qué hay dentro de los aparatos o cómo crear nuevos productos que, a su vez, pueden ser mejorados a un coste mínimo por otros makers a nivel global. «Eso obriga a ter que estar ao día en todo momento. Non vale inventar algo e vivir deso toda a vida porque ao ser libre, calquera o vai mellorar. E iso é bo», dice Tucho Méndez, miembro de Bricoslab. Como profesor, cree que «a tecnoloxía debería de estar incluida dentro da cultura xeral. Debería de saber todo o mundo disto».

Mercado laboral

No es el único que opina lo mismo. «Cuando empezaron a popularizarse los primeros ordenadores, la gente decía que en el futuro quién no sepa utilizarlos no va a poder encontrar un trabajo. Creo que en unos años quien sepa usar este tipo de tecnologías va a tener más fácil encontrar un empleo. Además, tendrá un empleo mejor», asegura Félix Sánchez Temble, que trabaja en I+D en la Universidade de A Coruña, y un par de días a la semana comparte lo que sabe en Bricoslab. La asociación ofrece cursos para docentes porque, como apuntan, «entre ellos hay un gran interés por aprender». Lo que todavía ve «como una carrera de fondo» es que las empresas gallegas recurran, en general, a ellos para innovar.

Aunque no cabe duda de que del taller que la asociación tiene en la Casa del Hombre salen muchas cosas. De hecho, ahí nació el primer prototipo de escornabot, un robot que usan para enseñar robótica en las escuelas. «Más de cien centros en Galicia lo tienen. Fue ideado aquí, pero que ya han modificado makers de otras partes del mundo», cuentan. Y saldrán más cosas porque la democratización del software es algo real. «¿Ves esta placa? -pregunta Tembleque- Es un ordenador completo. Cuesta cinco dólares en el mercado». Y Manuel Miramontes apostilla: «En media hora cualquiera puede aprender a programar lo fundamental». El futuro está en nuestras manos.

Fuente La Voz de Galicia