Sistema antiterrorismo al estilo Gran Hermano (¿¡!?)

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El creador del revolucionario Priceline quiere poner en marcha un sistema antiterrorista digno de “Gran Hermano”, que consiste en situar miles de cámaras conectadas a Internet en puntos débiles como plantas energéticas o pantanos.


Jay Walker saltó a la fama cuando inventó el pionero Priceline, que se convirtió de la noche a la mañana en una de las principales compañías de viajes a través de internet.
Seis años después, parece que Walker quiere repetir el golpe.
Pero esta vez quiere hacerlo con el sistema “USHomeGuard”, igualmente poco convencional pero mucho más polémico; hay incluso quien le acusa de oportunista por querer aprovecharse de la paranoia general que se desató en el país tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La iniciativa tiene como objetivo proteger cerca de 3.000 plantas energéticas, 5.000 aeropuertos, 1.800 pantanos y otros tantos puntos débiles en territorio estadounidense donde, según Walker, un ataque terrorista podría hacer mucho daño con poco esfuerzo.
El sistema protegería estas zonas a través de miles de webcams conectadas a la red, más una auténtica armada de ciudadanos que desde su hogar harían el papel de espías.
La idea de Walker ha sido tachada de poco práctica, extraña y un tanto espeluznante, aunque los críticos reconocen que en 1997, cuando creó Priceline, nadie apostaba por una idea que terminó siendo un acierto.
A Walker se le ocurrió entonces que las aerolíneas podrían ocupar los espacios vacíos permitiendo que los clientes realizasen ofertas por estos asientos a través de internet, fijando su propio precio en lugar de la tarifa estándar.
La idea fue un éxito pero, poco después, la compañía sucesora de Priceline, llamada WebHouse y que permitía subastar todo tipo de productos -desde gasolina a comida- fracasó estrepitosamente, arrastrando consigo las acciones de Priceline en la bolsa.
El sistema “espía”, que poco tiene que ver con la agencia de viajes, como no sea por la utilización de Internet, funcionaría de la siguiente manera: en primer lugar, se instalarían miles de cámaras con sensores infrarrojos, de temperatura y micrófonos.
Estas cámaras, que estarían conectadas a la red, grabarían cada cinco segundos una imagen del territorio encomendado -por ejemplo, un trozo del perímetro de un pantano- y se lo enviarían a una computadora.
Este ordenador compararía cada fotografía con la anterior en busca de cambios.
Si registrase algún cambio entre ellas, enviaría la imagen a la red de ciudadanos observadores, a los que se pagaría un sueldo de entre 8 y 10 dólares la hora para que comprobasen las imágenes.
Las fotografías sospechosas se reenviarían inmediatamente a otros observadores, y si más de dos personas creen ver una presunta acción terrorista darían aviso a una oficina de seguridad que contactaría a los responsables del pantano.
Todo esto en menos de 30 segundos.
Walker alega que como la mitad de los estadounidenses tienen acceso a Internet, millones de personas podrían estar dispuestas a trabajar de espías para USHomeGuard.
Además, subraya Walker, las diferencias horarias dentro del país permitirían distribuir las cargas de trabajo, de forma que nadie trabajaría de noche.
“Será la solución más poderosa que se ha inventado”, señaló el inventor, que piensa donar la idea al Gobierno estadounidense.
Además de poner los pelos de punta a agrupaciones de defensa de los derechos civiles, como el Centro para la Privacidad de la Información Electrónica, los expertos informáticos señalan que el sistema es demasiado vulnerable, ya que Internet está sujeto a ataques de piratas informáticos o virus que ralentizan el tráfico, entre otros obstáculos.
Por no hablar de las dificultades para coordinar al ejército de, pongamos por caso, un millón de espías. Como dijo el comentarista Steven Levy, el plan es peor que el problema.

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