IBM pone a punto a «Blue gene» y allana el camino hacia la inteligencia artificial

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El gigante azul de la informática intenta ahora traducir las palabras y la vida cotidiana a puras matemáticas. El resultado, un superordenador que será capaz de conversar, casi al mismo nivel, con los seres humanos. Una máquina quinientas veces más potente que su antecesor, «Deep Blue»

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El usuario de un ordenador todavía mira a la pantalla sin que ella le mire. Sin embargo, más pronto de lo que se piensa, las pantallas responderán y compartirán informaciones inalcanzables para los seres humanos. La caída del campeón de ajedrez Garry Kasparov contra el ordenador «Deep Blue», en 1997, supuso para los aficionados de la ficción científica el primer paso del «fin du siècle», del dominio de los humanos. En estos momentos, IBM está dando el segundo paso con la preparación de «Blue Gene», un superordenador que será el sucesor del maestro del tablero, pero con un poder quinientas veces superior.
William Pulleyblank, director del Instituto Deep Computing de IBM, asegura que la inteligencia artificial (AI) es real y ya existe en muchos ámbitos de la vida cotidiana. Sus reservas se limitan a la inmediatez de la llegada de un superordenador equipado con falcultades razonables, equivalentes a las de un humano, pero no lo descarta. En una reciente visita al Instituto CEPBA-IBM, en la Universidad Politécnica de Barcelona, el científico canadiense declaró que «los atributos que se asocian a la conciencia superan las actuales capacidades de los ordenadores». Pulleyblank opina que «una máquina consciente es inimaginable, pero puede ser que me equivoque».
Los laboratorios de IBM desempeñan un papel clave en el desarrollo del conocimiento y la investigación de información, en especial en España, donde la multinacional norteamericana de alta tecnología ha invertido 127 millones de euros en I+D. Su departamento de «Deep Computing» cruza un modelo de algoritmos con una gran cantidad de estadísticas, de forma que se interpreten los datos físicos mediante las matemáticas. El resultado es la inteligencia artificial. «Idealmente, con los ordenadores intentamos resolver los problemas inexplicables para la gente», dice Pulleyblank. En su opinión, así se demuestra su empeño en superar la capacidad humana.
Cuando la realidad supera a la ficción
Superado el meridiano del año 2003, todavía no existe un «robot» parecido a HAL, aquel bocazas aficionado al arte que creó Kubrick. Tampoco existe un laboratorio que haya descifrado a «Matrix», una dimensión que según Hollywood está controlada por los ordenadores y donde los humanos están atrapados. En efecto, los ordenadores de hoy demuestran un abanico de posibilidades imponderables pero carecen de emociones como el odio, los celos o la excitación. Pulleyblank señala que ya hay ordenadores capaces de procesar cien billones de cálculos por segundo, extremo al que ningún humano es capaz ni tan siquiera de acercarse, «pero nunca un ordenador me ha contado que su padre era pobre pero honesto».
En algunos ámbitos, superar la capacidad humana es «fácil». En los laboratorios de IBM están trabajando en un ordenador que convierte palabras en matemáticas. Pulleyblank explica que el problema no consiste en superar la capacidad humana, sino «en igualarla». Este ordenador parlante funciona en dos niveles. Primero, la máquina emplea un escrutinio que coteja y analiza cada sílaba con los sonidos de miles de grabaciones fonéticas. Cuando le habla un humano, el ordenador intenta emparejar los sonidos para formar las palabras que, a su vez, construirán frases. Para entender la frase, el ordenador tiene que descifrar todas y cada una de las definiciones del conjunto de palabras. Un rompecabezas que se complica aún más con los distintos acentos de cada idioma.
Pulleyblank destaca la curiosidad de que las palabras cortas son muy difíciles de descifrar para los ordenadores, y las largas fáciles. Señala como ejemplo la información humana: «Lógicamente, entendemos más con mayor cantidad de palabras». Los idiomas están compuestos de centenares de homónimos y palabras ambiguas. No obstante, el nivel del ordenador diseñado por IBM consigue entender un 50% de las palabras y, por el contexto, puede deducir el sentido.
Pulleyblank dibuja el futuro con ordenadores cuya potencia asustaría hasta el punto de parecer apocalíptico. «Ahora, podríamos crear un ordenador de una total portabilidad para guardar todo lo oído, visto, comido y tocado en nuestra vida, de forma que la máquina podría rebobinarnos cualquier instante de la vida. Es como tener el banco de datos de toda tu vida en un clic. ¿Supone la atrofia del cerebro humano? Pulleyblank lo niega y señala que, gracias a la máquina, «el cerebro no tendría que acordarse de nada, y podría fortalecerse en cuanto al análisis y al pensamiento cognitivo».
El año 2001 de Kubrick ya ha pasado y HAL no está entre nosotros. Sin embargo, IBM está en la senda de simplificar el futuro. Es probable que el gigante azul nunca logre que los ordenadores tengan emociones. Pulleyblank todavía no imagina el día en que, al encender Blue Gene, nos conteste: «Hoy no quiero trabajar, sino leer poesía».

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