‘La boda’ por Rafael Novoa

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Rafael Novoa vólvenos a deixar outro relato. Gracias Rafael…

La boda

Una boda es como dejar el tabaco. Cuando dejas de fumar, se lo dices al mayor número de personas posible. Así te lo piensas dos veces antes de volver a fumar, por aquello de no aguantar la tabarra de los demás. Pues una boda es lo mismo. De hecho, el tema de los banquetes de boda empezó así.


Tú se lo ibas diciendo a todo el mundo, «Oye, que me caso», y el otro, «¡Anda ya!», y tú, «Que sí coño», y el otro, «Lo que tú digas, je». Hasta que te cabreabas y le decías, «Qué te juegas», y el otro decía, «Lo que quieras» «Venga, 20000 pelas» «Pues vale». Y todos iban a la iglesia a ver cómo te casabas. Con el tiempo, te apiadabas de los incautos que apostaban, y después de casarte les invitabas a picar algo con su dinero. Al final, todo fue degenerando en los banquetes de hoy en día. Que fue lo que le pasó a Anita Aznar. Cuando dijo «Que me caso», todos dijeron: «¡Anda ya! ¿Dónde está el incauto que…?» Pues mira.
Así que un día te encuentras delante del cura con tu novia al lado, y detrás de ti toda la peña, suegra incluida. Que es cuando te acuerdas de aquella máxima sagrada que Ramón, el soltero del grupo, que te dijo aquel día: «Antes de seguir con esa tía, tienes que conocer a su madre». Que tú te preguntas, ¿para que coño quiero conocer yo a la madre de Sonia si hace una semana que la conozco? Y Ramón, el gurú del grupo, te dice: «Porque será como hacer un viaje al futuro por la cara —nunca mejor dicho—. Porque viendo a la madre, sabrás cómo va a ser tu novia dentro de 20 años, por aquello de los genes». Y tú te dices, coño, es verdad. Por algo Ramón es el soltero. Y me voy a ver a la madre de Sonia.

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