Caperucita engañó al lobo

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Blancanieves fue envenenada por su madre, Caperucita salvó el pellejo por su astucia y los príncipes no son azules. Ésta es la verdadera historia de los cuentos populares.


Ni Caperucita era tan dócil ni a Blancanieves la envenenó su madrastra ni todos los personajes de cuento son felices y comen perdices. Los hermanos Grimm y las adaptaciones de la factoría Disney contribuyeron a colorear de rosa los cuentos populares.
Pero las versiones light de la cultura moderna no tienen mucho que ver con las historias que inventaron nuestros antepasados. Se transmitían de forma oral entre un público adulto y mostraban la realidad con mucha más crudeza.
En un congreso internacional celebrado la semana pasada en Postdam (Alemania), los filólogos desvelaron que el cuento de Blancanieves no es como ahora lo pintan. Pero ése no es el único cuento chino que nos han contado. El experto Antonio Rodríguez Almodóvar ha explicado a 20 minutos cuál es la verdadera historia.
‘Blancanieves’: Fueron los hermanos Grimm quienes trastocaron el cuento, ya que la verdad era difícil de asumir para el público del siglo xix. Blancanieves no recibió la manzana envenenada de su madrastra, sino de su madre, que no podía soportar que su hija fuera más guapa que ella.
‘Caperucita’: La inocente niña que se deja engañar por el lobo era en realidad una astuta jovencita. Los Grimm añadieron la figura del valiente leñador, copiando de Los siete cabritos la escena en la que llenan el estómago del lobo con piedras.
En el folclore antiguo, Caperucita descubría el engaño cuando ya estaba en la cama con el lobo, fingía una indisposición y escapaba regresando a casa por el camino más corto. Perrault exagera la historia popularizando en Francia un final en el que el lobo devora a Caperucita.
‘La bella durmiente’: Existe una versión medieval, extendida en Francia y Cataluña, en la que el príncipe no consigue despertarla con su beso y la viola. La joven tiene gemelos y se muda al castillo. El príncipe acaba matando a su mujer, que amenaza a la bella y a sus hijos. En otras versiones aparece como una heroína que se enfrenta con valentía a la madre del príncipe, una temible ogro.
‘La cenicienta’: La adaptación favorita de Rodríguez es la andaluza, en la que la joven se topa con tres bandoleros que le conceden belleza, una estrella en la frente y que sus dientes sean perlas al reír. Su hermanastra se disfraza de ella para conquistar al príncipe, pero sus bondades (fealdad, un rabo de burro y una sonrisa que se transforma en caca de cabra) espantan al mozo en la noche de bodas.
Los más cuentistas
Hermanos Grimm (siglo xix). Tal vez los que más alteraron los relatos al recopilarlos, por las críticas que la burguesía hizo a sus primeras ediciones. Sus cuentos son los más recomendables para los niños.
Charles Perrault (1628-1703). El escritor francés popularizó versiones más crudas y fieles de los cuentos tradicionales, acompañándolos siempre de una moraleja. Recuperó El gato con botas, Cenicienta, La bella durmiente o Caperucita roja, entre otros.
Hans Christian Andersen (1805-1875). El autor danés era aficionado a cuentos fantásticos y a las hadas.
Fuente: Pilar Sanz, 20 Minutos

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