Los padres del tecno

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Primera visita a Madrid de Kraftwerk, el grupo que abrió nuevos caminos electrónicos en los años 70.

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Una imagen típica de Kraftwerk, con su estética de hombres robot inmersos en una sociedad dominada por la tecnología.
Cualquier tecnología avanzada parece magia». Así pensaba el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. Y tenía razón. En el caso de la creación musical, la magia de los sintetizadores (primero) y del PC (después) ha dado lugar a una revolución –discográfica, pero también cultural y social– sólo comparable a la que provocó la guitarra eléctrica a principios de los 50.
La música electrónica, en todas sus variantes y posibilidades (tecno, house, jungle, trance, lounge, chill out, dub, downtempo, electrojazz…), rivalizará en los libros de Historia con el rock and roll. Y, hoy en día, raro es el creador de cualquier estilo (del pop al rap, pasando por la world music) que no incluye música generada por ordenador en sus canciones.

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Todo esto, y mucho más que vendrá, tiene una deuda impagable con los alemanes Kraftwerk, considerados los padres del tecno. Esta banda, creada por Ralf Hütter y Florian Schneider, abrió un nuevo camino, a comienzos de los 70, experimentando con los sonidos industriales y generados por máquinas.
Poco antes, Pink Floyd había producido un gran impacto con Piper at the Gates of Dawn(1967), en el que usaba sintetizadores. Pero en Alemania, Kraftwerk (se puede traducir por central de energía) fue un paso más lejos con su primer trabajo Kraftwerk 1 (1971), buscando una música electrónica totalmente original y sin relación alguna con el rock. Este camino también era explorado por otros grupos de la muy inquieta vanguardia tecnológica alemana, como Tangerine Dream, con Electronic Meditation, en 1969.
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Un año después llegó Kraftwerk 2, un disco sin una sola base rítmica hecha ni con batería ni con ningún otro instrumento de percusión o cuerda. Por primera vez, las máquinas se convertían en parte esencial de la creación musical. Autobahn (1974) fue un éxito internacional, con el single del mismo título llegando a los lugares más altos de las listas de éxitos en Estados Unidos. La gran aportación de este álbum, muy diferente a sus primeros trabajos, fue la de establecer un sonido distinguible, industrial, minimalista y elegante, combinado con estructuras y melodías de canciones pop. De esta forma, la música electrónica más tecnológica (tecno) se situaba en el camino para popularizarse y convertirse en un fenómeno de masas. Tras Autobahn vendrían grandes clásicos como Radioactivity (1975), Trans-Europe Express (1977) y The Man Machine (1978), un disco este último en el que casi no existe ningún sonido reconocible como humano. Por estos años, los miembros de Kraftwerk (los dos fundadores más Karl Bartos y Wolfgang Flür) cultivaron una imagen de autómatas, de hombres robot, de científicos futuristas, despersonalizados y distantes, inmersos en ambientes esterilizados. La conquista del espacio, la tecnología omnipresente (una predicción que acabaría convirtiéndose en realidad) y el amor por las máquinas eran sus señas. Su música influía en gente como Tim Blake, Alan Parson o la Electric Light Orchestra, primero, y Mike Oldfield o Jean Michel Jarre, después.
Entonces, en la cumbre de su fama, Kraftwerk se desvaneció. Aún sacó un par de trabajos más en los 80: Computer World (1981) y Electric Cafe (1986). Y luego, 17 años de silencio, sin discos con canciones nuevas –sólo un recopilatorio– hasta Tour de France (2003).
Pero su lugar en la Historia de la electrónica es tan destacado que ya no hay quien se lo dispute. Y su presencia en Madrid hoy, jueves 1 de abril, es uno de los acontecimientos del año.
Muchas gracias a Bjørn Kantereit por enviarnos estas fotos del concierto que dieron el pasado sábado Kraftwerk en Klon.

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