Apuntes sobre los castros de As Pontes

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El Alto Eume fue sin duda un lugar funerario importante para las culturas precélticas asentadas en la comarca. La llegada de los pueblos centroeuropeos, con distintas culturas y hábitos agrícolas y ganaderos, cambió el destino del valle confiriendo importancia u demarcación y defensa. Surgen entonces los castros.


Nueve fueron a mi juicio los castros de As Pontes, cuatro desaparecieron ya a consecuencia de la actividad minera, uno lo hará este verano por el mismo motivo, otros tres se encuentran seriamente afectados como consecuencia de las labores agrícolas. Y uno, el de Seoane, vincula su futuro a los planes de la escombrera de la mina.
Uno de los castros desaparecidos, aunque no el primero, fue el de CASTRO DA UZ cuya destrucción se produjo en el año 1986.
Se encontraba al norte de As Pontes a unos 3.500 metros del casco urbano. El monte denominado del Castro tenía una cota de 520 metros y el recinto amurallado conocido se encontraba a 407 metros sobre la vertiente sur del mencionado monte.
Los lugares directamente vinculados a este castro fueron los de Reboredo, Grou, Veiga, Seara, Castro da Uz, Cartillida, Meidelo y Vilar.
Controlaba por el sur y oeste el valle del río Almigonde y por el norte el camino antiguo, cuajado de mámoas, desde Somozas teniendo además relación visual con el castro de Espiñaredo a 3.500 metros y con el de Seoane a 7.000 metros.
El recinto, situado a media ladera, se defendía con el desnivel y dos arroyos por el sur, este y oeste y por dos murallas y dos fosos por el norte donde tenía la entrada.
Las murallas, en piedra y tierra, tenían una altura de unos tres metros y los fosos unos seis metros de profundidad. Es posible que sobre las murallas existieran también empalizadas que aumentasen la eficacia defensiva del recinto fortificado. A unos doscientos metros del castro se encontraba el lugar denominado Pozo do Ouro con unos cinco metros de diámetro cavado en vertical.
Dentro del recinto se encontraron claros indicios de la existencia de un horno.

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Castro de Espiñaredo

En el último de sus años de vida se encuentra sin duda hoy, al borde mismo de la cuenca minera y parcialmente excavado por la Xunta y Endesa, el CASTRO DE ESPIÑAREDO a 3.500 metros del Castro da Uz e idéntica distancia del de Seoane, emplazado a media ladera, junto al lugar donde hasta el pasado año estuvo la iglesia y continúa el cementerio, dominando el que fue valle, hoy escombrera, del Almigonde y relacionado visualmente con los castros de Portorroibo, rugoso, Seoane y Castro da Uz.
Su cota es de 423 metros y tuvo una pequeña muralla de tierra y piedra de la que aún quedan restos.
Además del ya mencionado control visual del valle, como el de Castro da Uz, pudo controlar la llegada Castro de Espiñaredo desde el mar a través de Somozas.
En posición dominante como ninguno, aunque hoy mitigada por la creciente presencia de la escombrera, pervive aún el castro de SEOANE en el monte del mismo nombre COTO DO CASTRO de 492 metros de altitud. Al pie del monte existe un pequeño lugar denominado también Castro y en la vertiente este del Forgoselo a uno 1.200 metros se eleva otro montículo con la denominación Pico do Castro.
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Coto do Castro en San Xoán de Seixo

Este castro tiene relación visual con los de Espiñaredo, Castro da Uz, Portorroibo Higoso controlando tanto el valle por el este como la cuenca del río Cando por el oeste hacia la ría de Ferrol,
Ya casi en el valle sobre un montículo a 426 metros de altitud denominado MEDOÑA DE HIGOSO se encontraba el CASTRO DE HIGOSO hoy desaparecido dentro de la cuenca minera junto con el lugar del mismo nombre. En sus proximidades se encontraban también los lugares de Sumeiro, Carboeiro, Vidueda y Almigonde y tenía relación visual con los castros de Seoane (a 3.000 metros), Espiñaredo (a 2.000 metros), Portorroibo (a 3.400 metros) y Castro da Uz (a 4.500 metros). Tuvo, parece ser, una única muralla.
En el valle también y defendido por una muralla al este, río y laguna al oeste y norte y conexionado visualmente con los de Castro da Uz, Seoane, Higoso y As Pontes, estuvo también el CASTRO DE PORTORROIBO fortificación de la que quedan tan solo escasos testimonios verbales.
A mi juicio hubo también un castro en As Pontes entre la desembocadura del río Chámeselo y el río Eume donde posteriormente se establecería un asentamiento bajo la denominación romana y finalmente García Rodríguez construiría su castillo.
Excavaciones arqueológicas en su día aclararán estas cuestiones, lo cierto es que en la zona es frecuente el hallazgo de tejas romanas y utensilios diversos durante la ejecución de cualquier movimiento de tierras.
A 459 metros de altitud, con un diámetro de unos 50 metros, una muralla de piedra y tierra, a 3.500 metros del castro de Bermuy e idéntica distancia de As Pontes se encuentra, parcialmente afectado por la construcción de una vivienda unifamiliar, el CASTRO DE RIBADEUME vinculado a los lugares de Castro, Cotillón, Carreira, Corredoira y Ribadeume y conexionado visualmente con todos los anteriores.
Lindante con la iglesia y cementerio, con una muralla parcialmente derruida tras la concentración parcelaria, a 3.500 metros del de Ribadeume y con una cota de 446 metros de altitud se mantiene aún el CASTRO DE BERMUY cuya relación visual solo pudo establecerse en el caso de As Pontes y en cuyo interior se encontraron algunos restos de la época romana (piedra de molino). Lugares vinculados a este castro pudieran ser Bermuy, Mariñao, Sobrevila, Sesulfe y Campoverde.
Y ya por último, en un singular promontorio, cuajado en sus laderas de robles y abedules, a 375 metros de altitud, defendido por los ríos Vilar y Rebardille, con un pequeño lugar, denominado Castro, a sus pies y conexionado con los lugares de Vilar, Viso, Murazoso y Faeira, se encuentra el CASTRO DE REBARDILLE o Coto do Castro. No tiene relación visual con ninguno de los anteriores y quizás sea el más bonito.
Y estos son, fueron, o pudieron ser nuestros castros una parte de nuestro patrimonio arqueológico que desaparece, en los últimos años aceleradamente, entre el desconocimiento y el silencio.
Artículo de Aquilino Meizoso, publicado en el libro de Festas do Camen del año 1991
Cortesía de Gullermo

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