La primera estación espacial privada será puesta en órbita antes de 2010

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La primera estación espacial privada, que estará formada por módulos hinchables que recuerdan a las tiendas de campaña, podría ser puesta en la órbita terrestre antes de 2010. Así lo ha anunciado Roberto T. Bigelow, presidente de la empresa de Las Vegas (EEUU) que lleva su nombre, Bigelow Aerospace, quien ha decidido adelantar el proyecto dos años por razones económicas. El objetivo último es que pueda ser alquilada por países que ahora no tienen acceso a la Estación Espacial Internacional (ISS) para realizar experimentos científicos.


De ser así, Bigelow sería pionero en lanzarse a la conquista empresarial del Cosmos, pero no el único, puesto que otras compañías ya están diseñando hoteles espaciales, como el que ha presentado el Equipo Xavier Claramunt en Barcelona y que abriría sus puertas en 2012.
La compañía norteamericana tenía previsto lanzar una nave espacial, la Galaxy, el año próximo como paso previo al ascenso de la estación espacial Sundancer, que será capaz de albergar a tres tripulantes. Pero los planes han cambiado. Los lanzamientos desde Rusia de dos naves anteriores como prueba –el módulo Génesis I, en julio del año pasado, y el Génesis II, en junio de este año– han sido demasiado caros. “Los costes han subido en pocos años muy rápidamente en Rusia, debido a la inflación y al descenso del valor del dólar, por lo que poner en el espacio la Galaxy costaría dos veces más que en el pasado”, reconoce Bigelow.
Los Génesis son dos prototipos hinchables de unos 2,5 metros de ancho. Están fabricados con un material que, según Robert T. Bigelow, “es mucho más resistente al deterioro en el espacio que los módulos de la ISS”, financiada por los gobiernos de EEUU, Rusia y la UE. El último en llegar a una órbita a 550 kilómetros de la Tierra, el Génesis II, lleva a bordo instrumentos, 22 cámaras fotográficas y cajas con cucarachas y escorpiones. El tercero, la Galaxy, que iba a ser el módulo de más tamaño, será construido de todas las formas, pero se probará únicamente en la Tierra. El siguiente paso será lanzar la estación Sudancer.
Arquitectos catalanes diseñan un hotel galáctico con forma de racimo de uvas
La tecnología utilizada por esta empresa fue comprada a la NASA en los años 90. Sus módulos se inflan cuando ya están en la órbita, de modo que se ahorra espacio, y dinero, durante su lanzamiento al espacio. Una vez en el punto correcto –con ayuda de un cohete ruso Dnepr desarrollado a partir de un misil intercontinental– se despliegan los paneles solares que proporcionan energía a la instalación. Se estima que cada Génesis permanecerá en órbita de dos a cinco años y que poco a poco irá descendiendo, hasta desintegrarse al llegar a la atmósfera terrestre.
Detrás de este proyecto con tintes científicos está el deseo de Bigelow, un acaudalado empresario hotelero, de montar un hotel interestelar al que puedan acudir turistas por un precio más módico que el de la ISS, cuyas tarifas rondan los dos millones de dólares al día.
De ahí que no haya extrañado que el anuncio de adelantar la fecha de la estación espacial privada se haya producido tres días después de que una empresa española, el Equipo de Xavier Claramunt, asegurara que en 2012 pondrá en órbita un hotel con forma de racimo de uvas, en el que las habitaciones serán cápsulas unidas a un núcleo central.
Este proyecto fue presentado en Barcelona hace unos días por esta empresa, que colabora con investigadores estadounidenses. Su director, Xavier Claramunt, es un ingeniero aeronáutico que recibió una donación anónima de 3.000 millones de dólares para que construyera el Galactic Suite. Según explicó, en este establecimiento los huéspedes verán amanecer 15 veces al día y usarán trajes de velcro para adherirse a las paredes y contrarrestar la falta de gravedad.
Incluso ya tiene pensado cómo serán las duchas: en habitaciones llenas de burbujas de agua flotando. Claramunt calcula que en el mundo hay 40.000 personas que pagarían cuatro millones de dólares por tres días, incluyendo un entrenamiento de ocho semanas en una isla tropical.

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