Telefónica, Vodafone, Orange y Ono se alían para poner puertas al eMule

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La lucha contra las descargas gratuitas en Internet es como el escondite inglés. El usuario cierra los ojos y repite como un rezo que el juego continúe, que le dejen sus programas de compartición de archivos como eMule, sus páginas con películas recién estrenadas en el cine, que siga el escondite inglés, sin mover las manos ni los pies. Luego se gira a ver qué ha pasado y resulta que detrás de él, donde están proveedores de contenidos, gestoras de derechos de autor, operadoras de telefonía y gobiernos, se han movido las cosas.


A veces el usuario lo ve y lo para, como ocurrió cuando se intentó incluir un artículo en la Ley de Impulso de la Sociedad de la Información que daba poder a sociedades gestoras como SGAE para cortar conexiones a Internet. Pero a veces no. En España, las dueñas de las redes (Telefónica, Vodafone, Orange y Ono) acaban de moverse, a través de su asociación Redtel, según explicó a Público el presidente de ésta, Miguel Canalejo.
Entre sus peticiones a los principales partidos, a los que han visitado con motivo de las elecciones, se incluye la creación de un marco que permita “poner orden” en la Red, porque “la gente se tiene que dar cuenta de que la sociedad del futuro no puede ser gratis total”.
En el horizonte vislumbran que los ingresos de “la industria legal de contenidos on line se van a multiplicar por diez” y que ellas tienen las autopistas por las que circulan.
El estímulo para que los gobiernos apoyen sus peticiones son “8.000 millones de euros al año” que están dispuestas a invertir en redes de acceso de alta velocidad, pero con condiciones. “No nos podemos permitir invertir en un estado de desorden como el actual”.
Y ese estado actual muestra una España que cerró 2007 con más de ocho millones de hogares conectados a Internet con ADSL o cable, pero también un país en el que las discográficas calculan que se descargan, a través de Internet y sin pagar por ello, 800 millones de canciones al año gracias a programas como eMule. Según la Federación Internacional de Productores Fonográficos (IFPI), el 25% de los usuarios españoles descargan música gratuita.
Modelo inglés
España no es la primera en ponerse a diseñar las puertas al campo. Está el modelo francés capitaneado por el presidente de la república, Nicolás Sarkozy. Éste se basa en un acuerdo entre la Administración, los proveedores de Internet y el sector de la música y el cine y permite incluso cortar la conexión al usuario.
Y está el modelo británico, en el que las cuatro mayores compañías de acceso a Internet (BT, Tiscali, Orange y Virgin Media) han negociado de forma voluntaria con las mayores productoras y distribuidoras de Hollywood, hasta diseñar una fórmula de tres avisos que desemboca también en el corte de la conexión.
“Yo creo mucho en la autorregulación”, comenta Canalejo, quien reconoce que lo que menos le gusta del modelo Sarkozy es precisamente que “esté tutelado”. Canalejo no cree que el usuario se dé de baja si se limitan las descargas gratuitas ni que exista un problema con el precio de las conexiones a Internet. “El ciudadano entrará a la red por el ocio. La gente que no se conecta es porque no sabe para qué hacerlo”.

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