Los restos de los cuatro ponteses asesinados hace setenta años fueron inhumados ayer en As Campeiras

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La Voz de Galicia. El matrimonio Manuel Ramos Fernández y Juana Ferreiro, y dos de sus hijos, Manuel de 28 años y José de 18, asesinados el 22 de agosto de 1936, semanas después del estallido de la Guerra Civil española, fueron inhumados ayer en el cementerio de As Campeiras, en As Pontes.


Hace setenta años, los restos del que fuera teniente de alcalde de As Pontes entre 1931 y 1936 y de su familia, fueron enterrados en una fosa común sin nombres ni lápidas identificativas. A iniciativa de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, los cadáveres fueron exhumados en agosto del 2006.
Desde ese momento, los restos permanecieron en la Universidad del País Vasco, donde se emitió el certificado de autenticidad de los cadáveres.
Manuel Ramos y familia fueron enterrados ayer en el panteón familiar en presencia de los más allegados y los dirigentes de la asociación.
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Diario de Ferrol. Las inundaciones que sufrió el cementerio deterioraron restos y pruebas.
El estudio forense realizado a los cadáveres y que ahora se ha hecho público coincidiendo con el entierro de los fusilados, no ha arrojado muchos datos nuevos con respecto a los hechos ocurridos en As Pontes un 22 de agosto del año 1936. Las inundaciones que afectaron al cementerio algunos años después no han contribuido a la conservación de los cuerpos. Por consiguiente, también han desaparecido las pruebas que pudiesen haber aclarado la virulencia de las heridas recibidas por las víctimas o la localización de los balazos en los cuerpos de las mismas. No obstante, entre los familiares sigue circulando el rumor de que todas ellas fueron fusiladas con impactos de bala en el pecho. Del mismo modo que el informe forense no ha sido muy aclaratorio sobre el cómo y el dónde, sí ha servido para demostrar que el fusilamiento fue algo más que un simple asesinato, tuvo connotaciones políticas e incluso se podría apuntar morales. Estas observaciones se sustentan en la posición de los cuerpos en la fosa. Todos tenían los pies en dirección opuesta a Jerusalén, un emplazamiento que en aquellos tiempos se tenía en cuenta a la hora de situar los cadáveres en los enterramientos.
Ahora, todos los restos han sido recogidos en una caja de reducido tamaño que ayer fue introducida en el panteón familiar, cuando pasaban de las tres y media de la tarde.

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