«La muerte de peces es preocupante»

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[La Voz de Galicia] Numerosos reos que suben a desovar en el Eume, uno de los cauces predilectos en Galicia para a esta especie, flotan inertes por causas que los pescadores desconocen.


Como cada día, siempre que el trabajo se lo permite, Gustavo Freire, un aficionado a la pesca, acude bien temprano al coto de Ombre, situado en el corazón de las Fragas do Eume, a pescar los primeros reos del día. Pero en esta ocasión, sus intenciones se han visto truncadas. Los peces, en lugar de nadar libremente, nadan sin fuerzas hasta fallecer y quedar esparcidos por el fondo y las orillas del río.
Los episodios de mortandad se suceden, y a los pescadores solo les queda recogerlos y entregarlos a Medio Ambiente. La Consellería sigue con sus analíticas, sin que por el momento se conozca el motivo de tal masacre. «Estamos esperando a que nos den los resultados. Cada media hora que pasa se agrava el problema», apuntan varios pescadores que rastrean la zona. Entre ellos se encuentra Adriano Paz, presidente de la sociedad de pesca local, quien añade: «La muerte de peces es preocupante. Lo importante es que se tomen medidas».
Desde la carretera que conduce al monasterio de Caaveiro, ubicado en uno de los bosques atlánticos más importantes de Europa, los peces flotan inertes a simple vista. «Mira, ahí hay uno, y está muerto. ¿Lo ves?» dice Adriano. Dos metros más adelante, otro. «Mira ese pedazo de bicho. Debe medir 50 centímetros y pasar de los 2,5 kilos. Es enorme», añade.
Sus caras reflejan la desesperación más absoluta. Empiezan a figurarse diversas hipótesis: un vertido, que los salmónidos lleguen enfermos del mar y agraven al contacto con el agua dulce… Eloy Saavedra, presidente de la sociedad de caza y pesca Xuvia, también asiduo del Eume, opina otra cosa: que las alteraciones del agua pudieran desencadenar una reacción vírica. Los reos recogidos muestran marcas que le inducen a pensar de esa manera y no duda en recomendar a los pescadores que limpien bien sus equipos antes de trasladarse de cauce, por si pudiera resultar contagioso.
Mientras, en el Centro de Interpretación de las Fragas hacen con normalidad lo que mejor saben, enseñar a excursionistas las especies amenazadas que sobreviven en el parque natural.
Unos kilómetros más abajo, en Pontedeume, la cofradía de mariscadores del Carmen analiza también sus moluscos para comprobar que no acumulen toxinas no esperadas.

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