Las 71 aldeas sin vida de As Pontes

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[La Voz de Galicia] Víctor Ramil Barja tiene 79 años y es uno de los cinco habitantes de O Freixo, núcleo de población situado en la parroquia del mismo nombre, en As Pontes, el segundo municipio gallego (el primero es Ortigueira) con mayor número de lugares sin habitantes, 71, según datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), tomados a su vez del Instituto Nacional de Estadística (INE). Este municipio suma, además, otros tantas entidades singulares, como se denominan técnicamente, con cinco o menos de cinco vecinos, es decir, en peligro de extinción.


Víctor reside solo en una de las tres viviendas habitadas de O Freixo. En las otras dos casas moran una y tres personas, respectivamente. Aunque el volumen poblacional no supera los dedos de una mano, este pequeño lugar tiene en activo una cantina, un estanco, una iglesia y un centro social -situado en una antigua escuela unitaria, que ahora, por razones obvias, no funciona-. Son negocios que nacieron antaño en los buenos tiempos del lugar, cuando había más de 300 vecinos, y que sus dueños se resisten a cerrar.
Tras el mostrador del estanco está Víctor, que confiesa que conserva el negocio como entretenimiento: «Na aldea véndese pouco, pero hai xente doutras zonas de preto que veñen comprar. Así estou ocupado», explica el pontés. El resto del tiempo lo dedica al campo y a los animales. «Teño vacas», añade.
A Víctor no le hace mella la soledad ni la escasez de vecinos. «Eu como sempre vivín neste ambiente, non boto de menos nada. Vou traballando, paso o tempo», apostilla. Aunque recuerda con cierta nostalgia los tiempos, allá por los años cuarenta, cuando el padrón de O Freixo sumaba los 300 habitantes, cuando había un cine y una sala de fiestas, y la nieve los dejaba incomunicados durante veinte días. «Agora como moito estamos pechados pola neve un día», apunta. Aclara que «os do Concello mandan unha desas palas escavadoras e nunhas horas volve todo á normalidade». O Freixo está situado muy cerca del pico del Caxado, con 757 metros de altura.
El aislamiento no lo lleva tan bien como Víctor María del Carmen Varela, que regenta la cantina del lugar. A la pregunta de cómo es la vida en un núcleo rural prácticamente despoblado, contesta tajante: «Aburrida».
Aunque es natural de Ponteceso, reside desde hace doce años en O Freixo con su marido y su cuñado. Para ella, lo más duro es la incomunicación: «Cheguei a estar unha semana enteira sen falar con ninguén», dice. Le gustaría trasladarse a una ciudad, pero lo ve complicado: «Para levar ao meu marido de aquí, é moi difícil». En O Freixo, la media de edad es de 65 años.
A Víctor le encantaría ser enterrado en este lugar de As Pontes, donde nació y donde ha residido toda su vida. «Non sei se será así, porque a este paso vou quedar eu só aquí», concluye el agricultor.

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