«Nuestra cabaña es mejor que los pisos de la Trujillo»

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[La Voz de Galicia] Decenas de jóvenes ponteses «urbanizan» en tiempo récord A Fraga para las fiestas. «¿Qué es lo mejor de A Fraga? La sesión vermú.» Los jóvenes de As Pontes no dudan en señalar que lo que más les gusta de la gran fiesta por excelencia de la villa es rociarse de calimocho y revolcarse después en el río entre la multitud. Eso será mañana, pasada la una de la tarde. Mientras tanto, decenas de ponteses convertían ayer a toda prisa el entorno de A Fraga en una urbanización de cabañas en las que derrocharán energía y diversión durante dos días.
«Hai algúns que sempre se escaquean de traballar», apuntaba Pablo, de la peña que se hace llamar Os Motoconchos. Manuel, Rubén y Enrique le echan un cable para poner a punto la construcción en la que desde hoy se reunirán unas cuarenta personas. «As rapazas están facendo a compra -apunta-, porque lles gusta máis o tema das pelas». Ya casi tienen el chalé listo, con ático incluido y hasta una carpa en la planta superior, «por se chove». Son parte de las decenas de grupos que habitarán A Fraga estos días.


A pocos metros, Noel, Javi, Tomás, Abeás, Hanson «y cía» se presentan como «proyectista, arquitecto, aparejador…» Ocupan unos 50 metros cuadrados y aseguran: «Nuestra cabaña es mejor que los pisos de la ministra Trujillo». Llevan «desde las ocho y media» de la mañana trabajando para que todo esté a punto para la cena de hoy. «Seremos 22 personas, y tenemos 1.060 euros en bebida», explica uno de ellos. Claro, comida y montaje aparte. Aunque son muchos los que se guardan los materiales de construcción de un año para otro, por eso de ahorrar.
Y es que la crisis afecta a todos los bolsillos. Lo dice Javi, uno de los que levantan la caseta de al lado: «Llegará un momento en el que tendremos que hacer un día de A Fraga al mes, al precio al que están por ahí los cubalibres».
Claro que no todo es bebida en esta fiesta. «Unas cervezucas y laconada…», añaden desde la misma cabaña. Además, las fiestas de As Pontes es la mejor ocasión para el reencuentro. «Viene mucha gente de fuera», explican. Amigos en la diáspora e invitados de todas partes del mundo, según relata Iago mientras aplica el martillo para fijar un clavo a la barra de su inmueble. «Seremos treinta o cuarenta», concluye.
Adriana y Laura, de mirandas, explican que no faltan a la fiesta desde los 16 años. «Nos gustan las cabañas; al final queda todo muy bonito», dicen.
Ana, Rebeca y Alba preparan el tejado de su caseta. «Aquí tamén traballan elas -sentencia Carlos, que les echa un cable con los preparativos-. Aquí hai máis mulleres que homes.»
Es hora de despedirse. «Si venís el viernes, pasad a tomar algo», apuntan todos, de buen rollo.

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