La antigua biosfera de As Pontes

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[Por Brezmes Comesaña, C.. Publicado en Opinión. Línea Abierta. Ferrol: La Voz de Galicia, 14 de setembro de 2008, p. 21.]
Hace casi treinta millones de años, en las orillas de una de las lagunas que se encontraban en donde hoy se ubica la mina de As Pontes, una manada de mamíferos estaba, medio sumergida en el agua, refrescando su cuerpo al atardecer. Se trataba de una manada de antracotéridos, ungulados acuáticos primitivos, que medían más o menos metro y medio de longitud. Se piensa que su aspecto era bastante tosco, como una especie de «cerdos acuáticos», pues los antracotéridos se encuentran emparentados con los actuales suidos. Pero tenían cinco dedos en su miembro anterior, carácter propio de los ungulados arcaicos que les resultaba muy útil para poderse desplazar sobre los fondos fangosos de las lagunas.


No muy lejos de allí, y casi totalmente sumergidos en el agua, después de aprovechar los últimos rayos de sol que recibía la orilla de una laguna y un bosque circundante casi tropical, un grupo de cocodrilos de gran tamaño, del género Dyplocinodon, se disponían a aprovechar la oscuridad para capturar a alguna incauta presa, que se acercara a la laguna acuciada por la sed, o que vadease alguna parte creyendo que no había depredadores. Quién sabe, quizás aquella noche uno de estos reptiles tendría la suerte de sorprender a una cría de antracotérido, o herir de consideración a algún adulto que, pese a defenderse, tendría las de perder en su combate con el gran reptil.
Durante el día, tortugas acuáticas habían estado asoleándose en grandes grupos, como hoy en día lo hacen sus descendientes en los ríos de la cuenca del Amazonas, arremolinándose y escalando unas sobre otras.
Mientras va anocheciendo y todo lo invade el concierto provocado por el canto de las ranas pretéritas, en la espesura de los bosques subtropicales circundantes, densos y húmedos, cuajados de simarubáceas y anacardiáceas, comienzan sus correrías los micromamíferos, roedores arborícolas que buscan su sustento vegetal, con el riesgo siempre presente del ataque de los depredadores. Entre toda esta espesura subtropical, que obligó a la evolución biológica a diseñar una vida en los árboles, no sería nada extraño encontrar también a una criatura distinta, asustadiza y nocturna, con visión binocular y con el dedo pulgar oponible. Un lejano pariente nuestro: un primate.
Toda esta vida, y mucha más que queda por descubrir, ha quedado indeleblemente marcada en los estratos de la antigua mina de lignito de As Pontes, hoy ya en desuso. La empresa Endesa está anegando el hueco de la mina con agua, para formar un gran lago artificial, como parte de su proyecto de recuperación medioambiental para la zona. Desgraciadamente, en el proyecto de este futuro lago no cabe el conservar ni siquiera una parte del yacimiento de fósiles de la Era Terciaria, asunto inconcebible en cualquier país que quiera considerarse culto. Hago de estas letras un llamamiento a modificar el proyecto de llenado del hueco de la mina para que, aunque el futuro lago no sea tan extenso ni tan profundo, se conserve al aire libre parte del yacimiento testigo de una vida y un ecosistema de hace millones de años, como un parque paleontológico en Galicia, destinado al estudio científico y a la formación cultural de la población.

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