O MISTERIO DO VASO CAMPANIFORME DA VILAVELLA – Capítulo III

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No mes de novembro do ano 2006, as persoas que asistiamos ás xornadas de estudos históricos Hume puidemos ter noticia da situación actual dun dos vasos campaniformes da colección La Iglesia. Foi o historiador vilalbés José Lúis Novo Cazón, quen ao finalizar a súa intervención e co motivo da entrega dunha reprodución arqueolóxica do vaso, alertaba aos presentes da desaparición do orixinal, dunha das vitrinas da Facultade de Xeografía e Historia da Universidade de Santiago “falta de una de sus vitrinas desde hace un tiempo”
Só uns poucos días despois tiñamos noticia a través da prensa (El Progreso, 28 de novembro de 2006), de que a Universidade de Santiago confirmaba a perda da peza e afirmaba “non ter constancia do lugar no que podía estar esta reliquia, que tampouco aparece catalogada na súa base inventarial, e que nunca estivo incluida en exposición algunha na institución educativa”. Nós dende aquí e a través desta sección, pretendemos cuestionar estas declaracións baseándonos en testemuñas documentais, algunhas científicas e outras meramente divulgativas.

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O texto que hoxe presentamos forma parte dun traballo máis amplo que leva por título La distribución de las estaciones prehistóricas ortegalesas y sus características, traballo publicado de xeito íntegro no Boletín da Real Academia Galega polo coñecido investigador ortigueirés Federico Maciñeira Pardo de Lama, no que dá a coñecer as características da concentración tumular existente nos montes da comarca. É neste estudo, onde atopamos por vez primeira unha referencia documental sobre o depósito da colección La Iglesia da que formaba parte a peza en cuestión. Ésta correspóndese co referenciado nunha nota ao pé, contida na publicación, que afirma o seguinte: Los dos vasos campaniformes reconstruidos, la diadema de oro, las puntas de flecha y la hoja de puñal, hoy en la Universidad de Santiago de Compostela por donación del señor La Iglesia, así como dos de las hachas de piedra pulimentada de la indicada cista. Lo demás en mi pequeña colección de prehistoria local.
Hai que dicir que este estudo foi publicado no ano 1935, data na que os materiais xa se atopaban depositados na Universidade de Santiago de Compostela. Máis de 73 longos anos para catalogar e inventariar unha peza… Froito desta situación cumpre cuestionarnos se acontecerá o mesmo co resto de materiais que formaban parte da colección La Iglesia. No aire quedan os nosos temores.

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MACIÑEIRA, F., «La distribución de las estaciones prehistóricas ortegalesas y sus características», Boletín da Real Academia Galega, v. XXIII, n. 259, (1935), pp. 169-173:

LA DISTRIBUCIÓN DE LAS ESTACIONES PREHISTÓRICAS ORTEGALESAS Y SUS CARACTERÍSTICAS

En la parte más interna de la comarca del Ortegal, cuya abrupta comarca comprende unos setecientos kilómetros cuadrados entre el Atlántico y el Cantábrico, o sea en la cuenca superior del Eume, circundada de altas montañas, tenemos el mayor foco de necrópolis de la extremidad septentrional ibérica, correspondientes a la cultura megalítica, que me cupo la fortuna de ir descubriendo en el decurso de muchos años1.
Pues tanto en ese amplio y plano valle de formación terciaria y diluvial perteneciente a la villa de Puentes de García Rodríguez (Ortigueira), cuanto en las colinas y sierras que lo contonean, aparecen por todos lados –aun aparte de los que hayan podido ser arrasados en las zonas de cultivos– gran número de túmulos, allí denominados Medoñas, la mayoría de ellos agrupados en los lugares incultos que el tojo y el brezo recubren por completo. Llegando en mis perseverantes exploraciones a descubrir más de cien en espacio tan relativamente limitado, que según se puede apreciar en el plano2 no excede de unos veintiocho kilómetros cuadrados.
Y entre tales grupos de tumbas, que constituyen la manifestación humana más antigua con que hasta la fecha se ha tropezado en el expresado territorio angular del Ortegal, tuve también la suerte de encontrar sobre el dominante campo de medoñas (o mámoas, como generalmente en Galicia suele denominárselas) de la Mourela –en alusión a mouros-, dos notables círculos líticos (letra J) equivalentes a los cromlechs bretones e ingleses (de 20’50 m. de diámetros el mayor y de 9 el otro) objeto ya de un trabajo especial referido a la nota anterior, que como tema de ingreso en el Seminario de Estudios Gallegos ha tenido a bien editarme esta docta institución. Dándose la interesante circunstancia, para mayor relieve de la estación, de que unos dos o tres kilómetros más arriba de este singular grupo megalítico, en dirección SE… siguen los túmulos desbordando la cuenca eumesa y extendiéndose hacia las altas tierras lucenses; conforme lo acreditan los significativos toponímicos, según la carta de Dávila, «Pedra Fita», «Cabeza dos Fornos» y, sobre todo, «Monte Medoñas» a los 600 metros de cota y «Monte das Medoñas» de la elevada divisoria que por aquel sector limita en corto espacio la comarca ortegalesa, separándola de la de Villalba3.
Valle de Puentes en el cual hallé asimismo dos castros de los tipos prehistóricos conforme a mi clasificación4, como proyecciones expansivas del núcleo de los ortegaleses que cual más adelante veremos levántanse en otra zona de media montaña a bastante distancia en dirección NW., o sea hacia el litoral atlántico; permitiéndonos por eso colegir que entre unas y otras milenarias estaciones no existió por estos campos norteños relación directa.
Todos los túmulos que he logrado encontrar e inventariar a costa de grandes y detenidos recorridos por las quebradas tierras de mi comarca, en número de unos trescientos, son de la forma corriente de casco de esfera. Mas, en el repetido valle de Puentes tropecé con el caso excepcional de un grupito enrracimado de ocho téreos montículos oviformes (no dolménicos) que por tal circunstancia podemos equiparar a los longbarros ingleses5. Siendo así bien muy extraño que los hubiesen erigido en suelo semipantanoso y emboscado, próximo a uno de los dos anotados castros.
La mayor parte de los montículos sepulcrales por mi estudiados, cuyos diámetros compréndense entre 8 y 27 metros, formáronse con tierra sola, generalmente humífera y muy limpia, al extremo de dar la impresión de haberla escogido cuidadosamente o cernido. Y bastantes de ellos aparecen revestidos a modo de coraza por una gruesa capa de pedruscos, imprimiéndoles el carácter de semi galsgals6. En un libro que estoy redactando sobre el gran puerto anterromano de Bares al tratar del largo camino prehistórico que comunicaba la estación de referencia con esa rada más boreal de Iberia, a base de los túmulos marginales que en tal vía excavé, detallo cuanto hace relación a los materiales con que los formaron y manera de disponerlos, llegando a la conclusión de que cuando menos algunas veces guió su acopio un fin votivo o ritualístico. Particularidad que en los citados oviformes se acentúa de manera muy notable.
En cuanto a su contenido complementario en función de tumbas, por lo general encierran construcciones dolménicas, si muchas harto reducidas, algunas ya de aventajadas proporciones como por ejemplo, entre otras, el megalito de Pena Faladora que consta de siete soportes (número de apoyos de significación religiosa, o quizá mejor de técnica arquitectónica, por lo que se repite) de hasta 3’75 metros de altura, formando un recinto poligonal bastante regular en sentido elíptico, con pequeño corredor —caso singular— de planta trapezoidal; cuya cámara alcanza un diámetro de 3’60 metros. No faltando en la estación de Puentes túmulos desprovistos de toda obra complementaria, y hasta exploré otro intacto en cuyo centro a guisa de estela tenía un enhiesto monolito cuarzoso muy grosero, con varios pedruscos acoplados a la base para sustentarlo erguido antes de levantar el terreo montículo con que lo recubrieron.
En cambio en toda la comarca, pese a su gran densidad de necrópolis megalíticas, no se halla un solo dolmen desnudo, según es frecuente encontrarlos en otras partes de Galicia, de Portugal, Bretaña, etcétera. En la región del Ortegal son absolutamente todos tumulares.
Alguno que otro, raros, aparece contorneado por una fila de grandes piedras introducidas en el terreno natural, sin solución de continuidad, siguiendo la línea periférica de la mole. Otros túmulos presentan hacia la cumbre una especie de corona anular de pequeñas losetas toscas, casi del todo clavadas de canto, también sin solución de continuidad. Varios de los excavados muestran su planta circular como dividida en dos o tres recintos concéntricos a medio de barreritas de pequeños pedruscos.
Observando, en fin, en unos cuantos de los investigados a fondo, que en la parte correspondiente al suelo de la cripta (no siempre centrada) se había abierto originariamente una fosa en embudo, luego rellenada de piedras con vestigios de combustión.
Si nos atenemos a la clasificación de los monumentos megalíticos ibéricos establecida por los doctos, apoyándose fundamentalmente en los felices descubrimientos portugueses, donde mejor se pudo estudiar su desarrollo, no cabe duda que en el gran foco tumular de los campos ortegaleses a que exclusivamente vengo refiriéndome, actuaron diversas fases de esa destacada cultura. Puesto que en él aparecen ya los dólmenes sencillos de cámara poligonal, ya los de corredor incipiente, ya los rectangulares del tipo de cista, faltando en cambio los intermedios de corredor desarrollado y galerías cubiertas. Y en relación con ese proceso evolutivo local hállase el escaso pero variado ajuar lítico exhumado en las respectivas criptas, que va desde las primitivas hachas triangulares de sección lenticular hasta las más largas y estrechas, ya planas y de tendencia rectangular en todos los sentidos; no faltando algún que otro caso de hacha de cultura más retrasada aun supervivientes en esta del neoeneolítico.
De la gran estación central de Puentes de García Rodríguez, entre lo encontrado por el naturalista gallego D. Santiago de La Iglesia en tres medoñas que registró allá por el 1893; lo procedente del casual hallazgo en una cista megalítica saqueada por campesinos, y por mi descubierto en varias medoñas que abrí con fines científicos, puedo mentar el siguiente material conocido como ajuar funerario.
Diversas de las expresadas hachas de piedra pulimentada, aunque ninguna de las triangulares; una magnífica pieza de petroxiles, también pulimentada, en forma de maza o macana con amplia perforación bicónica (ejemplar singular en los inventarios españoles y aun quizá europeos, procedente de la indicada cista); un pequeño cuchillo de silex a doble bisel; una bolita de ocre rojo: parte reconstituible de dos hermosos vasos campaniformes y fragmentos irreconstituibles de otros tres (cuyos cinco ejemplares proceden de tres sepulturas, una de ella dolménicas y ya de corredor muy evolucionado que hallé intacta); una diadema lisa de oro y cuatro puntas de flecha y la hoja de un puñal (?) de cobre7. Los vasos campaniformes son idénticos a los bretones.
Tanto en los túmulos del alto Eume, cuanto en los de las otras dos estaciones de la comarca a que voy a referirme, en las cuales también exploré algunos, pude ir advirtiendo, por indicios en varios de ellos evidentes, que ya sean dolménicos ya simples, ya de casco de esfera ya oviformes, debiose de practicar generalmente el rito de la incineración (…)
1- En los números 684 y 687 de La Ilustración Artística de Barcelona, correspondientes al 4 y 25 de Febrero de 1895, con el título de «Investigaciones prehistóricas en Galicia», ya di a conocer someramente algunos de mis primeros trabajos en esta estación.
Y en opúsculo Notable grupo de círculos líticos y túmulos dolménicos de la cuenca superior del Eume, Coruña 1929, profusamente ilustrado, ocupé de está interesante parte de la misma a que voy a referirme en el texto.
2- Hecho este plano sobre la famosa carta mural de Galicia por Fontán, publicada en 1815, que contiene alguna imperfecciones de detalle orográfico, la situación de túmulos, castros y demás legendarios vestigios es en él solamente aproximada.
Desde que lo dibujó mi hijo Enrique por mis notas gráficas, he ido descubriendo algunos otros documentos de la misma clase que aun no figuran en el plano; pero que no alteran la situación de las respectivas estaciones.
La numeración de túmulos y castros tiene carácter provisional sin ser por eso rigurosamente correlativa. Y la escala del original es de 1:100.000.
3- Véase la expresada carta de la comarca a escala 1:75.000 en la Geografía Descriptiva de la Comarca de Ortigueira, por Julio Dávila Díaz. La Coruña 1931.
4- Véase Los Castros prehistóricos del Norte de Galicia, por Federico Maciñeira. Madrid 1931. Separata del Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Madrid 1931. Volumen I.
5- Adviértese en el gráfico ese grupito al NE. del castro número 51, dispuesto espacialmente en el plano para poder numerarlos.
6- Sólo uno he podido reconocer como puro galsgals por haberse formado el montículo exclusivamente con piedras en la cumbre de Sierra Faladora, frente al gran meandro del Sor.
7- Los dos vasos campaniformes reconstruidos, la diadema de oro, las puntas de flecha y la hoja de puñal (¿) hoy en la Biblioteca de la Universidad de Santiago de Compostela por donación del señor La Iglesia, así como dos de las hachas de piedra pulimentada de la indicada cista. Lo demás en mi pequeña colección de prehistoria local.

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