La ‘Repichoca’ de As Pontes le rendirá un homenaje a Pepe da Silva

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[El Progreso, por C. Arias] “Después de mi mujer y mis hijos, la música es lo más importante de mi vida, es lo mejor que hay”. Así de contundente, y sin dudar ni un rato, se muestra Pepe da Silva, el cajero de la charanga Os Ponteses, para explicar lo que siente por las notas y los ritmos. La música —a la que se aproximó ya de mayor, alrededor de los 40 años, “porque de nuevo tocaron tiempos muy malos y cogí la guerra toda”— lo acompañó desde aquella casi sin descanso.


Por eso, los gaiteros de As Pontes, que cada año desde hace seis organizan una Repichoca dedicada a alguien de la localidad, le rendirán un homenaje el 26 de abril en el local del pulpo de A Fraga. “Llevamos un seguimiento de la música de gaita en As Pontes y sobre todo de los músicos mayores, porque hay que hacerle un homenaje a quien realmente tiene que recibirlo”, explican los organizadores, que prevén que asistan alrededor de 90 personas, como en las anteriores ediciones.
Da Silva, también conocido como O Portugués porque su padre era nativo del país luso, hizo el primer acercamiento a la música por casualidad en una noche de San Xoán. “Estaban tocando unos cuantos, a mí la música siempre me gustó, y cogí el bombo para acompañarlos”, explica. “Y no salió tan mal, me dijeron que lo llevaba bien”, añade entre risas, mientras explica que así, y para “echarles una mano”, se fue “liando” sin que le enseñara nadie.
“Aprendí solo, a cuenta de los compañeros”, comenta, mientras subraya que toca con ritmo, pero sin saber música. Además, le da a todo. Tocó la gaita, el bombo o incluso la tuba en el servicio militar. Ahora, y desde hace tiempo, es el cajero de Os Ponteses.
Como formación, comenzó siendo un cuarteto de gaitas, de los que hoy ya no queda nadie, aparte de él. En 1985 empezaron como Os Ponteses, la única charanga que continúa viva en As Pontes, aunque las caras de los componentes fueron variando con el paso de los años.
“Cotizábamos bien e íbamos a tocar a muchos sitios. Durante los primeros años tuvimos días de ir a dos fiestas”, recuerda Da Silva, que bromea diciendo: “Mira cómo lo hacíamos que la gente preguntaba por nosotros”. Sin embargo, tiene claro que “fue malo de aguantar, porque era difícil mantener el grupo”.
Ahora, reconoce, “la cosa anda achicada” y, pese a que tocar es mucho más fácil porque, dice, “sabes más”, hay muchas más formaciones. Hoy él, junto con Bolaño (tenor), Celso (bombo), Celso (saxo alto), María (trombón), Rodrigo y Aurelio (saxo), Cipriano (trompeta) y algún chaval más de la banda municipal que colabora a veces son los que mantienen vivos los sonidos de la charanga Os Ponteses.

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