Un negro horizonte

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[La Voz de Galicia] «En un ERE se pierde sueldo, prorrata de pagas y días de vacaciones, aunque muchos no lo sepan», se lamenta. En el norte de Galicia, lejos de Vigo, Emilio Agra, trabajador afectado por la regulación de LM Composites, se enfrenta también a una nueva vida.


«Mi mujer trabaja todo el día, aunque viene a comer a casa. Por eso, yo soy ahora el que se ocupa de la casa. Llevo a la niña a la guardería y la voy a buscar: hago la compra, la comida y las cosas de la casa. Cuando empiece a trabajar, seguro que vamos a tener que contratar a alguien», precisa Emilio. Y agrega: «Tengo compañeros con depresiones y problemas de salud muy importantes». Emilio recuerda con angustia que pasa el tiempo sin noticias esperanzadoras, lo que le hace pensar mucho.
«Te comes la cabeza, vives con la incertidumbre de si te irás a la calle con una extinción de empleo habiendo consumido una parte importante del tiempo de paro».
Emilio trabaja en As Pontes, pero su mujer lo hace a muchos kilómetros, en Vimianzo. Es la única lectura positiva de un drama laboral. Puede pasar más tiempo con su familia a lo largo de la semana.

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