La vida se hace un hueco en el lago artificial de Cerceda

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Las aves acuáticas habitan en la cuenca de Meirama, ya con 75 metros de fondo
[La Voz de Galicia] Quedan aún seis años de llenado para que el lago artificial de Meirama, en Cerceda, esté rebosante, pero no lo parece. De cerca ya es inmenso, y de lejos, también. Todo lo inmenso que puede ser una cuenca que, en el futuro, se convertirá en la segunda superficie de estas características más grande de Galicia, tras la de As Pontes. Ambas tienen el mismo origen: las minas han cerrado y el vertiginoso hueco que han dejado se está llenando con agua.
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La historia ya se ha contado muchas veces, y eso que es reciente. Cerrada la explotación de Lignitos en el 2007, el llenado comenzó en la primavera del año pasado. Lo que no se ha contado es lo rápido que avanza. El agua tiene ya una profundidad de unos 75 metros absolutos, aunque la cuota real es de diez menos (los contabilizados bajo el nivel del mar). Es mucho, pero más lo será cuando alcance los 187 previstos, que serán 150 millones de metros cúbicos. Las proporciones comparadas no coinciden (una tercera parte de altura, una séptima de capacidad), pero eso es fácil de explicar: los primeros metros se ocupan más fácilmente dado lo angosto del fondo. Otra cosa es a partir de ahora, que se van agrandando los márgenes y hay que subir metros igual. Por eso avanzará con mucha más lentitud.
Uno de los aspectos más llamativos de la nueva masa de agua que moja el lugar del que se extrajeron 90 millones de toneladas de lignito, tratadas unos metros más allá, en la central térmica, es que ya alberga vida. No hay más que darse un paseo por su entorno (el que tenga acceso, porque de momento está prohibido) para descubrir bandadas de cisnes, patos, garzas o gaviotas, tanto sobrevolando el entorno como nadando por la superficie. La pesca subacuática se les antoja difícil por ahora, pero no imposible, porque muchos de los cauces que vierten constantemente al lago deben llevar truchas y otros animales. Los renacuajos ya se ven a simple vista. Todo este pequeño ecosistema, además de alegrar la vista, indica que los aportes se están haciendo bien y que la calidad del agua es más que correcta.
Y todo lo anterior desemboca en una de las cuestiones clave del proyecto. Utilizando el dicho, el lago se lleva la fama, pero la lana se carda en muchos otros sitios. En torno a la gran bañera se están realizando numerosas obras y actuaciones para garantizar la correcta marcha: limpiezas, sembrados, adecuación de canales, las viejas vías, plantación de árboles, accesos, controles y mediciones periódicos de agua (temperatura, clima) con sondas paramétricas, aportes de cal…
«La evolución es mejor de lo esperado», explica con entusiasmo Roberto González Philippon, ingeniero de minas, jefe de explotación de Lignitos de Meirama (perteneciente a Fenosa, ahora Gas Natural) y director facultativo de la mina, con despacho en el muy bien arreglado pazo de Gontón, que fue trasladado piedra a piedra. «Queremos ser un ejemplo de la recuperación y restauración del espacio del que se ha extraído mucho mineral, tratándolo todo lo mejor posible y logrando aguas de calidad», señala.

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