Una lluvia de perdigones para vengar la muerte de dos ovejas

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Un vecino de A Capela denuncia a otro por dispararle varios cartuchazos a su perra, que pudo matar piezas de ganado
[La Voz de Galicia] La historia sucedió hace aproximadamente diez días en el lugar de Vilar de Mouros, en A Capela. Una mañana dos ovejas aparecieron muertas en una finca cercana a la carretera que atraviesa la pequeña población. Aparentemente habían sido objeto del ataque de animales salvajes durante la noche anterior. A tan solo cien metros del terreno, Román Pérez Casal se percató de que su perra Nube, una pastor belga de tres años, no estaba en casa. «Algo muy extraño porque tenemos una valla de dos metros de altura, que cerca nuestra propiedad», asegura.


Entonces salió a buscarla. Empezó a preguntar a sus vecinos y uno, según consta en la denuncia que tiene en su poder la Guardia Civil de As Pontes, le reconoció que le había prestado la escopeta de cartuchos al dueño de la finca donde habían aparecido muertas las ovejas, que podría ser un guardia civil. Este al ver merodeando a Nube en el lugar del ataque «le disparó dos tiros a la perra» que al recibir los impactos de los perdigones salió corriendo entre gemidos de dolor.
«Mi hijo y yo recorrimos los montes cercanos tratando de encontrar a Nube, pero no dimos con ella en todo el día», explica Roman Pérez, quien añade: «Lo primero que pensé es que quien le había dado los cartuchazos la había enterrado para librarse del cadáver». Pero no fue así, el can apareció al día siguiente aullando en el portalón de acceso a su casa. «Tenía -explica su dueño- mucha sangre por todo un costado. Algunos perdigones se le alojaron cerca de la columna. Rápidamente llamé al veterinario, que decidió trasladarla a Narón para hacerle unas radiografías». También, «estaba preocupado por la camada de seis cachorros que Nube acababa de tener y que aún amamanta». Por suerte, las crías ya eran lo suficientemente mayores como para poder sobrevivir todo un día sin su madre.
Con las curas hechas, pero con los perdigones aún en el cuerpo, Nube regresó a Vilar de Mouros para cuidar a sus cachorros.
Entonces, Román Pérez ya había iniciado los trámites para denunciar al presunto agresor de la perra. Acompañó a una patrulla de la Guardia Civil hasta el puesto de As Pontes donde relató todo lo que había acontecido. En su declaración, asegura que había tenido un problema en una ocasión con el dueño de la finca «por culpa de unas camisetas que le había vendido», pero que se solucionó «hablándolo entre ambos». Recalca que «asumo los daños causados por la perra a las ovejas», pero pide «que quién disparó al animal abone los gastos de veterinario, la manutención de los cachorros, así como los daños y secuelas que le puedan quedar a Nube».
«Las cosas no se solucionan de esta manera. En los tiempos que estamos, la gente no puede andar liándose a cartuchazos con los animales», lamenta Román Pérez.

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