El lago de As Pontes ocupará las hectáreas de 1.200 Camp Nous

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[El Correo Gallego] ¿Dónde habitan los monstruos? En el subsuelo carbonero de As Pontes, toda una epopeya de la geología a través de milenios de historia. Ni el mismísimo cerebro de Guardiola podría trazar un partido de fútbol sobre la superficie de la antigua mina. En esas 800 hectáreas se gesta un lago equivalente a 1.200 Camps Nous. A la hora de vislumbrar grandes dimensiones, los técnicos apuestan por calcular metros sobre estadios deportivos. Y la laguna creada por Endesa ocupará los terrenos de juego de 1.600 campos de fútbol de tamaño medio. A partir de 2012, podremos asombrarnos ante semejante masa de agua.


El ambicioso proyecto de Endesa se encuentra en un 45% de su ejecución, con el yacimiento medio lleno gracias a las lluvias y el desvío de cauces fluviales como el Eume. “En algunos puntos alcanza los 150 metros de profundidad”, avanzó ayer el director general de Endesa en España y Portugal, José Bogas. Un chapuzón sólo apto para pulmones de acero y comparable a un rascacielos en Hong Kong. Por la misma senda de las metáforas caminó el conselleiro de Medio Ambiente, Agustín Hernández: “No antigo sitio de extracción teremos un fito na historia ambiental, encherase oito anos antes do previsto con superficie cinco veces superior ó encoro de As Forcadas, o dobre de Cecebre ou dez veces Caldas de Reis”. Endesa y Xunta, colaboradora en el proyecto, definen el lago como “enclave de gran valor ecológico, similar a las Fragas do Eume”.
Tendremos que viajar hasta Alemania para descubrir semejante reconversión industrial a la inversa: viejas minas de lignito engordadas como lagos de asueto. Playas artificiales e islas se sucederán por un regreso artificial al Pleistoceno pontés, “cando outra masa de auga provocou a sedimentación vexetal e posterior formación de combustible fósil”. Frente a las chimeneas térmicas, se despliega otro puzzle ecológico. En la escombrera se amontonaban antaño desechos mineros. El territorio estéril “se regeneró con flora autóctona en 11,5 kilómetros y más de 600.000 árboles”, como refleja el libro Los habitantes de la escombrera del zoólogo Felipe Bárcena.
Sobre el terreno minero surgió así un bosque espontáneo con casi 180 especies animales: lobos y ciervos donde antes traqueteaban las máquinas.

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