La aventura de colaborar en Haití

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“Nos decían que necesitaban ayuda y que nadie les echaba una mano”, relatan los dos hermanos bomberos coruñeses que ayudaron durante una semana en las labores humanitarias
[La Opinión de A Coruña, por Ana Blasco] Miguel y Vicente Pazos Veiga son los únicos bomberos gallegos que han viajado a Haití. Cuando llegaron, la coordinación española había paralizado las labores de rescate, en las que son especialistas, por lo que colaboraron en el traslado de víctimas, en la descarga de medicamentos y víveres y en la instalación de campamentos. Viajaban con unos planes que se fueron al traste antes incluso de que pusieran un pie fuera del avión. Han tenido que enfrentarse al “descontrol” que reina en el país como verdaderos aventureros


Llevan nueve días en Haití de “auténtica aventura”. Miguel y Vicente Pazos Veiga, dos hermanos ferrolanos y bomberos de los parques comarcales de As Pontes y Arzúa, partieron el 21 de enero en un pequeño operativo de ayuda a Haití de la Fundación Fadei, junto a un miembro de protección civil de Hospitalet.
Viajaron de avanzadilla para conocer las necesidades médicas de la zona y preparar el terreno para un grupo de médicos. Pero, los planes de estos tres efectivos se vinieron abajo ya en el vuelo de ida.
Su primer destino era Santo Domingo, donde debían comprar víveres antes de viajar hacia Haití. Sin embargo, el avión se desvió hacia la capital asolada por el seísmo, Puerto Príncipe. “Allí no teníamos ningún contacto ni podíamos comprar nada, tuvimos que echarnos a la aventura”, recuerda Miguel que explica que el aeródromo es “un caos”: “Nadie sabía decirte a dónde tenías que ir, qué tenías que hacer…”. Fue la coordinación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) quien les orientó y la Unidad Militar de Emergencia (UME), la que les dio alimentó. Contribuyeron a descargar medicamentos y otros productos, hasta que los militares le escoltaron hasta Santo Domingo durante diez horas de viaje. “Al salir del aeropuerto, si no llevas escolta, nadie te garantiza que volverás”, explica.
Comprados los alimentos y las tiendas de campaña, viajaron otras cinco horas para montar el campamento en Jimaní, territorio fronterizo con Haití, a donde acudirán ahora los médicos de la fundación.
Una ambulancia les sirvió para cruzar la frontera de vuelta al país haitiano. “No teníamos el vehículo con el que contábamos, nos dijeron que eran dos kilómetros y nos pusimos a andar -relata-, pero eran muchos más y paramos una ambulancia”. El conductor les hizo de taxista por 2.000 pesos -unos 40 euros-. “Si tienes dinero, puedes alquilar cualquier cosa”, asegura. Atravesaron la frontera con las sirenas y haciendo sonar el claxon para que no les pidieran la documentación, ya que no les habían sellado el pasaporte a la entrada en la República Dominicana. Cuentan que todavía siguen como “ilegales”.
En este peculiar vehículo llegaron a Fond Parisien, localidad haitiana fronteriza en la que también se han dispuesto hospitales de campaña. De aquí es su recuerdo más gratificante: “Se enteraron de que éramos bomberos y vinieron a abrazarnos. Nos decían que necesitaban ayuda y que nadie les echa una mano”. Cuentan que montaron tiendas de campaña para proteger a los refugiados del calor y las torrenciales lluvias que se esperan. “Nos daban las gracias y nos ofrecían todo lo que tenían”, señala.
Después de ayudar a que la nueva remesa de médicos se acomode en Jimaní, los dos bomberos coruñeses volverán a Galicia, aunque todavía no tienen billete. Explican que cuando llegaron, ya no se necesitaban labores de rescate, en las que son especialistas, y que se dedicaron a trasladar a víctimas, montar campamentos y descargar mercancía. “Ahora como bomberos ya no tenemos trabajo. Si podemos volver mañana, volveremos, porque no vamos a estar aquí de turistas, no nos cabe en la conciencia estar de brazos cruzados en esta situación”, explican.

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