Ferrolterra asiste al brutal cambio de su paisaje en 1.400 hectáreas

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De mina de carbón a lago para domingueros en As Pontes
[El Correo Gallego] En tan sólo cuatro décadas, el paisaje de Ferrolterra se ha lanzado a un viaje en el tiempo equivalente a todos los capítulos de Futurama. Los ferrolanos de la época Cuéntame se tomaban sus vermús en la playa artificial de Copacabana: ahora rellenada por naves y pabellones. Nuestros abuelos sacaban carbón de la mina de As Pontes: tapiada en estos momentos por un lago mecanizado. Y como mucho, sobre la ría ferrolana sólo se asomaban las grúas cigüeña de Astano: antes de que sus aguas batiesen récords de sedimentos industriales. Los ecologistas ondean banderas estos días sobre proyectos que afectan a más de 140 hectáreas, desde la mina de andalucita hasta la laguna de A Frouxeira.


IMPACTO
La magnitud del lago artificial de As Pontes impactó desde el primer día en el que se anunció el relleno. El hueco del yacimiento de lignito pardo, unas 800 hectáreas, ya se encuentra en un 50% ocupado por agua. Endesa calcula que a partir de 2012 podremos disfrutarlo con deportes acuáticos, islitas ornitológicas e incluso una repentina playa a escasos metros de la central térmica. Los ecologistas denunciaron tanto el desvío de los afluentes del Eume para rellenar el hueco como las posibles consecuencias de semejante masa acuática en su entorno. Ese caudal no sólo provocaría un aumento de la humedad. Los geólogos han alertado sobre la existencia de una falla activa en ese territorio, “epicentro de numerosos movimientos sísmicos”. Y Adega incluso llegó a expresar su temor “a que o lago provoque un tsunami”. No obstante, de momento, los análisis le dan la razón a Endesa corroborando la calidad de las aguas.
Unos caudales crecen y otros, por el contrario, se achican. En Valdoviño, 15.000 aves habitan la laguna de A Frouxeira. Las antiguas posesiones de la familia de Emilia Pardo Bazán, que cubren un total de 580 hectáreas, se abren cada año al mar para evitar inundaciones en casas vecinas. Pero este invierno sufre una sequía inexplicable, con el humedal convertido en zona pedregosa. Los patos se concentran en pequeñas láminas acuáticas, rodeados por perros e incluso quads. El tercer vértice del triángulo verde se sitúa en Pico Bello, As Pontes, con más de 25 hectáreas: la explotación de una mina de andalucita amenaza al río Belelle e incluso a las colindantes Fragas do Eume, con declaración de impacto ambiental autorizada por la Xunta.
Hasta luego cocodrilo
Hace 28 millones de años, los cocodrilos transitaban felices por As Pontes y en el hueco de la mina ya existía un lago natural. La excavación erosionó el paisaje pontés, aunque Endesa también ha reciclado posteriormente la escombrera en fraga con 180 especies animales. Detrás de cada avance humano se esconde un peaje medioambiental. La autovía de Ferrol-Vilalba implicó la oculta desaparición de pequeños humedales en San Sadurniño. O el tremendo puerto exterior de Ferrol redefinió el paisaje costero del Golfo Ártabro. Los vecinos de A Coruña ya no vislumbran cabos verdes con pequeñas calas, durante las tardes sin niebla. Desde la Torre de Hércules otean un infinito muelle de cemento. Los mariscadores avisaron en su día sobre la alteración de las corrientes marinas a raíz del malecón, y su influencia en el recorte de capturas.

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