HAY UN PONTÉS EN MÉXICO DF. MEJORAR LA VIDA DE LA MUJER MEXICANA.

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Foto-Rober-Diario-de-Ferrol.jpg[Diario de Ferrol, por María Fernández García] La oportunidad de colaborar con una entidad local llevó a Roberto Ferreiro Eimil, un pedagogo de As Pontes especializado en el trabajo con mujeres en situación de exclusión, a México. Así narra su experiencia.
—¿Cómo es su trabajo?
—Colaboro en un centro que trabaja en la colonia de Chapultepec, en los barrios de la Merced y Tepito. Es el mero centro de la ciudad, muy próximo al Zócalo, pero la realidad de estas zonas es muy distinta. Son los llamados barrios rudos o bravos. Aquí la gente dispone de bajos recursos económicos y se da mucha violencia: robos, agresiones, etc. Y precisamente el colectivo de mujeres es el que más lo sufre. Muchas de ellas son obligadas a prostituirse, son víctimas de trata, sufren violaciones e incluso son asesinadas.
—¿Cómo tratan de ayudarlas?
—Lo que hacemos es tratar de darles recursos necesarios para que puedan salir adelante, de modo independiente y autónomo. Así, nos dedicamos a darles formación tanto personal como profesional, a través de cursos, talleres, etc. Y al mismo tiempo se trata de conseguirles todos los apoyos posibles en cuanto a recursos económicos, alimenticios, vivienda, educación, cuidados para sus hijos, etc. Es una sociedad con un muy marcado talante machista, la violencia contra las mujeres está normalizada, tanto por hombres como por las propias mujeres, a las que les es muy difícil imaginarse sin estar a la sombra de un hombre.


—¿Qué le sorprendió cuando llegó al lugar?
—Lo que más me llamó la atención es precisamente lo enorme que es, nunca había visto nada igual, ya desde el mismo momento que te estás acercando en el avión te quedas perplejo con sus dimensiones. Y lo que llama la atención es la profunda religiosidad que se respira en la mayoría de barrios. Por las calles ves un montón de altares, sobre todo los dedicados a la Guadalupe, a San Juditas Tadeo y a la Santa Muerte. Además, por la calle se ve mucha gente transportando imágenes de ellos. Es muy llamativo.
—¿Qué diferencias destaca con respecto a España?
—Aquí todo es más relativo: la puntualidad mexicana deja un amplio margen. Nada es lo suficientemente grave como para agobiarse. Hasta la ley es más relativa, eso se comprueba a la hora de conducir, la ciudad es un auténtico caos y las señales, semáforos, etc. son casi orientativas. Todo se celebra mucho más, casi cualquier cosa sirve como motivo de celebración. Se hace mucha más vida en la calle, la gente no suele comer en sus casas, sino en los puestos callejeros. Después está la violencia, que exista tanta, por ejemplo la narcoviolencia, ha hecho que la gente se acostumbre, ya ni se inmuta por matanzas.
—¿Cuál es su lugar preferido?
—La colonia Valle Gómez, el barrio donde vivo. Es un barrio que aunque está cerca del centro de la ciudad es muy respetado por su marginalidad. Es conocido porque en él se dan muchos asaltos, roban coches, asesinatos, se ha ocultado a personas secuestradas por el narco, se dan peleas de bandas… es como estar en una película. Pero vivir en esa zona te permite conocer el D.F. real, que si vienes de turismo sería casi imposible conocer, porque ni los taxis entran. Aquí puedes conocer a la gente trabajadora y ruda, que trabaja de jornalera donde y cuando puede, que se junta los días 28 para celebrar a Juditas y los días 1 a la Muerte, que los fines de semana se la pasan comiendo y tomando en la calle… es un barrio muy auténtico.
—¿Cómo es la gente?
—Mi experiencia con la gente es muy positiva, ya que siempre es muy amable y agradable. Desde el primer momento te acojen y tratan de que te sientas como en tu casa. Son gente muy entregada, si te pueden ayudar en algo, lo hacen, cueste el trabajo que les cueste. Aparte creo que su forma de tomar la vida es muy positiva, tratan de sacar lo bueno de las situaciones y siempre encuentran una excusa para reírse de algo. Y son gente muy luchadora, por mal que estén no se rinden y tratan de salir adelante de la manera que sea.
—De su tierra, ¿qué extraña más?
—Aparte de a toda mi gente, echo de menos la libertad con la que se mueve uno por allí. Aquí, al ser tran grande, dependes de coger el metro o el autobús, y siempre va lleno. También se echa de menos el poder pasear de noche tranquilamente por cualquier calle. E ir a tomar algo a la Cueva, en As Pontes, mientras comes unas pipas, que aquí no las hay!
—¿Ejerce de gallego?
—Sí, eso se hace sin querer, porque el acento no se me despega y siempre se escapa alguna palabra en gallego. Estoy enseñando a algunas mujeres del centro ha hablar algo de gallego. Y claro, cocinando, en el centro tenemos comedor y me atreví a preparar alguna empanada, faragullas… Además, aprovechando que toco en un grupo folck, Muxarega, siempre que hacemos alguna celebración pues ponemos alguna canción de nuestro disco para que se escuche alguna gaita entre tanto mariachi.
—¿Volverá pronto?
—Desde luego, espero pronto ya estar por ahí. Esta estancia fue sólo para experimentar y conocer en primera persona la realidad de México. La idea era poder sacar conclusiones que me sirvan tanto personal como profesionalmente.
—¿Qué anécdota destacaría?
—Fue un día que íbamos en coche y la policía de tránsito nos paró. Nos dijo que nuestro coche ese día no podía circular (en DF para controlar un poco el tráfico y la contaminación, los coches, dependiendo de la terminación de su matrícula, hay un día a la semana que no pueden circular), así que nos iba a poner una multa y llevarnos el coche al depósito. Así que una compañera mexicana preguntó “sutilmente”si no había otra posibilidad de solucionarlo. El agente nos dijo que si le dábamos 8.000 pesos el asunto se podía arreglar. Entre todos no teníamos ese dinero, así que le dijimos que sólo teníamos 4.000. Y el agente, muy “amable” nos dijo: no se preocupen, aquí al lado hay un cajero, yo los acompaño. Así que nos llevó al cajero, cogió su mordida y se fue. Eso sólo puede pasar aquí.

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