Lágrimas por As Fragas do Eume, por Martín Serrano

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En agosto de 2007 la familia optó por el norte. Qué mejor que Galicia, la tierra verde de los misterios y de las meigas, de los espectáculos más bellos jamás contados. Carretera y manta hasta A Coruña. Entre Pontedeume y Aspontes nos alojamos en Casa Lagoa, uno de los muchos caseríos donde nos esperaban Fina y su madre y sus hijos, y sus perros, y los animales, y su humanidad, su desprendimiento, su cercanía y sus risas. No lo sabíamos cuando arribábamos algo confusos a la vivienda del prado, pero nos disponíamos a pasar una semana inolvidable, momentos que se sellan en la memoria como si fueran a golpe de corazón.


Fina nos prepara el menú de visitas cada día mientras sobre una enorme mesa de madera nos ofrece el mejor de los desayunos. Sobre un mapa de la región nos traza imposibles caminos, vaya usted por aquí, para allá y almuerce en tal sitio, no se olvide de preguntar por… Esta guía increíble se encargaba cada día de que al acostarnos, agotados pero contentos, se sumara en nuestra capacidad de ánimo el enorme amor que sentía y destilaba por su tierra.
Llegó la noche y apagó la luz de esa cocina comunitaria en la que todo el mundo funcionaba a su manera y con una familiaridad que se ganaba a la hora de conocerla, para tomarnos una inolvidable queimada con literatura ancestral incluida y toda una escena que inquietaba y gustaba. Pues mañana llega el día de hacer un recorrido corto, nos dijo la anfitriona. Justo aquí van a observar lo más bello que han visto en su vida, nos aseguró, se trata de As Fragas do Eume, es uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa, la gente de aquí sabemos tantas historias, de esta sinfonía de olores y agua que pulula inquieta y salvaje por el cañón del río Eume.
Pues al coche. Al parque se podía ir a pie descendiendo diez kilómetros hasta el pequeño puente de piedra, que era un sendero recomendable para los más fuertes y aquellos a los que no les importaba tener que regresar después haciendo el camino contrario pero hacia arriba o, en coche, franqueando el límite del parque y sus aledaños hasta profundizar en un verde que cada vez se hacía más profundo y oscuro, donde la vida rezumaba en cada esquina.
En el centro de interpretación vimos una película para luego coger un minibús que nos llevó al corazón de Las Fragas. Con un guía nos adentramos en el conocimiento de las peculiaridades de este bosque, importante por su flora, pero que también era el hábitat de especies endémicas y en peligro de extinción, pequeños reptiles y anfibios, como la salamandra rabilonga.
En el zurrón nos llevamos una cantidad ingente de sensaciones y un increíble chute de amor por la naturaleza. Hace tan sólo una semana ardieron 750 hectáreas de As Fragas do Eume y lo verde se hizo negro.
Desde la distancia no dejo de percibir las lágrimas contenidas de Fina mientras contempla, junto a su madre y sus dos hijos, el dantesco espectáculo de las llamas. De aquellas que acabaron con lo más bello jamás visto.

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