El Big Bang se recrea en Galicia

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El Centro de Supercomputación de Galicia está llevando a cabo, junto a científicos del CSIC, simulaciones cuánticas en base a los datos obtenidos por el Observatorio Espacial Herschel y los radiotelescopios del Proyecto ALMA. El objetivo es conocer más detalles acerca del origen del universo y nuestra propia existencia.
¿Cómo se ha producido el ciclo de formación molecular desde el Big Bang hasta nuestros días? Esta es una pregunta que, quizás formulada de una manera más sencilla, todos nos hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. Saber cómo ha evolucionado el universo molecular hasta la formación de moléculas biológicas que dan lugar a la vida es uno de los grandes misterios de la humanidad y un área científica muy prolífica en los últimos años.


La astrobiología, como así se llama esta disciplina, está íntima e intrínsicamente relacionada con las nuevas tecnologías y en concreto, con las capacidades de supercomputación. Y es que para el análisis de las ingentes cantidades de información que recogen los observatorios espaciales y los radiotelescopios se necesitan sistemas de alta capacidad y velocidades inimaginables.
Así se entiende que el Centro de Supercomputación de Galicia (Cesga) esté trabajando en un apasionante proyecto para analizar con el supercomputador “Finis Terrae” los datos del Observatorio Espacial ´Herschel´, que orbita entre la Tierra y el Sol, y la red de 66 radiotelescopios ALMA de Atacama (Chile).
El proyecto, dirigido por Octavio Roncero Villa del Instituto de Física Fundamental (IFF) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), busca aumentar los conocimientos científicos en materias como la formación de las estrellas tras el Big Bang -la gran explosión que dio origen al Universo- y la formación de estrellas y planetas en proceso de nacimiento.
“Detectamos moléculas y su abundancia en nubes interestelares o atmósferas planetarias, pero hace falta conocer su comportamiento en colisiones con otras moléculas o iones o tras la absorción de fotones para modelizar su evolución”, explica Roncero. “En estas simulaciones se obtienen datos de enorme utilidad que se emplearán para el estudio de la gran cantidad de información obtenida gracias al ´Herschel´ o a ALMA, en proyectos de decenas de años de duración y muchos millones de euros de coste”.
Sin embargo, para lograr conclusiones de valor es necesario modelizar procesos dinámicos de especies radicales que viven poco tiempo y que son difíciles de caracterizar en las condiciones experimentales de los laboratorios. Por ejemplo, el hidrógeno atómico, molecular e iónico tiene una importancia fundamental dado que es el elemento más abundante en el Universo, por lo que los procesos colisionales y radiativos en los que participa el hidrógeno deben ser inevitablemente estudiados mediante simulaciones cuánticas.

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