Las centrales de carbón tienen ocho meses para aclarar su futuro

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Endesa y Gas Natural deben decidir este año si dan luz verde a 400 millones de inversión o clausuran As Pontes y Meirama en el 2020
[La Voz de Galicia] Un escenario de caída continuada de la demanda, de puesta en marcha de nuevas tasas que gravan la generación de electricidad, un año especialmente lluvioso y, consecuentemente, de una alta producción hidráulica, y un funcionamiento casi testimonial de las plantas de carbón. Con esos factores como telón de fondo, Endesa y Gas Natural Fenosa tienen que decidir, antes de que finalice este mismo año, si llevan a cabo inversiones millonarias en sus dos centrales térmicas de la comunidad, ubicadas en As Pontes y Meirama, respectivamente, o si las cierran en el entorno del 2020.
Las compañías están obligadas por la Directiva de Emisiones Industriales (DEI) de la UE a reformar de nuevo esas centrales térmicas para rebajar entre un 50 y un 60 % las emisiones de azufre, óxido de nitrógeno y partículas a la atmósfera. Esas inversiones, en conjunto, pueden rondar los 400 millones de euros, a ejecutar a partir del 2016. Pero han de decidir antes del próximo 31 de diciembre si las acometen o, por el contrario, desisten de realizar ese gasto, con lo que podrían funcionar 17.500 horas más y después cerrar, lo que se situaría la clausura sobre el 2020.


Aunque tanto Endesa como Gas Natural Fenosa sostienen que aún no han tomado una decisión al respecto, el entorno para aprobar esas inversiones es el más desfavorable para el sector en décadas.
Si bien la central de carbón de Endesa (la de As Pontes), con 1.400 megavatios de potencia, era considerada hasta hace poco la joya de la corona de la compañía, en lo que va de año se ha visto arrinconada en el mix de generación, de forma que, por término medio, solo ha funcionado con uno de sus cuatro grupos generadores. La de Gas Natural (en Meirama) únicamente ha producido el 7 % de la electricidad que generó en el mismo período del año anterior.
Ambas instalaciones acometieron a mediados de la década anterior una exhaustiva modernización para cumplir con los requisitos de Kioto, que obligó a las compañías a transformar sus factorías para quemar únicamente carbón de importación. Endesa gastó 275 millones en adecuar su planta y construir una nueva terminal descargadora en Ferrol, mientras que Gas Natural desembolsó unos 120.
Además, las últimas regulaciones aprobadas desde el pasado año por el Ministerio de Industria con el fin de reducir el conocido como déficit de tarifa -el desfase entre los costes de producción y los ingresos- ha traído consigo nuevos impuestos que, en el caso de las térmicas de carbón, son las tasas a la generación y el conocido como céntimo verde. Según el sector, han arrastrado el funcionamiento de las centrales gallegas hasta los números rojos, aunque las compañías han continuado registrando beneficios, gracias fundamentalmente a sus negocios en el exterior.
Y ese es precisamente otro de los factores que juega en contra de la renovación de las plantas de As Pontes y de Meirama, de las que dependen unos 1.500 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. Además de un escenario regulatorio que ha sido criticado abiertamente por las grandes eléctricas agrupadas en la patronal Unesa, la crisis económica y el parón del sector han llevado a Endesa y a Gas Natural a anunciar abiertamente que primarán las inversiones en mercados exteriores y emergentes en detrimento del nacional.
Los máximos responsables de una y otra compañía se han manifestado en los últimos meses en contra de la estructura de los nuevos impuestos, por cuanto consideran que benefician a las plantas termosolares y fotovoltaicas, a las que se les paga unas primas muy elevadas, mientras que se penaliza a otras, más eficientes, como las gallegas. «En este escenario, los números no salen para hacer las inversiones», subrayan en el sector.

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