El fútbol se juega alrededor del mundo con espinilleras fabricadas en As Pontes

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[Diario de Ferrol] El fútbol alrededor del mundo se juega con espinilleras fabricadas en As Pontes. La calidad y la ligereza del producto de Blindaxe Sport gana adeptos cada día en los vestuarios de los mejores equipos y los pedidos llegan ya de países de los cinco continentes, de Alaska a Australia y de Noruega a Sudáfrica. Crece también la nómina de “estrellas” que apuestan por este producto, como Isco y Morata, del Real Madrid, o Tello, del Barcelona.


El pontés Simón Cabarcos Novás fabricó sus primeras espinilleras con fibra de vídrio para uso propio, hace tres años, cuando jugaba su última temporada en el equipo de As Pontes. Inmediatamente sus compañeros vieron la ventaja de estas protecciones, más ligeras y más resistentes que las que había en el mercado, y pidieron las suyas. Uno de aquellos futbolistas, Alex López, se fue a jugar con ellas al Celta de Vigo, donde en seguida todo el vestuario quiso las suyas. Hugo Mallo, un jugador del equipo vigués, se las llevó a continuación a la selección… y así las espinilleras se fueron extendiendo por la liga española y luego a equipos de otros países. “Es un producto muy viral”, comenta Simón Cabarcos.
El futbolista empezó a atender pedidos desde el garaje de su casa, pero el aumento de los encargos hizo que en el plazo de un año fuese evidente que había que dar un salto. Simón Cabarcos creó la empresa con 32 años y montó su taller en una de las naves para emprendedores de Seara, en el polígono de Penapurreira. Desde allí, en dos ejercicios y con una plantilla de tres personas, Blindaxe ha vendido más de 2.000 pares de espinilleras y, sobre todo, se ha labrado un nombre a lo largo y ancho del fútbol mundial.
¿El secreto del éxito? Simón Cabarcos explica que las espinilleras eran hasta ahora “algo incómodo, un estorbo para el jugador”, hasta el punto de que alguno prefería colocarse un cartón para engañar al árbitro y no cargar con su peso. Las de Blindaxe, fabricadas en fibra de carbono, pesan solo 40 gramos y ofrecen flexibilidad y una gran resistencia. “Soportan el peso de un coche”, explica el empresario. Otra clave es la venta personalizada. Cada par de espinilleras, con precios que pueden estar entre los 100 y los 150 euros, se “customiza” al gusto del futbolista y el pedido llega directamente de cada cliente. Y hay de todo, tal como explica Simón Cabarcos, desde el que estampa su propia fotografía o los colores de su equipo hasta el que prefiere llevar en las piernas la estampa del santo de su devoción.
El negocio tiene por delante un largo recorrido. Blindaxe fabrica también máscaras de protección facial, que deportistas de diferentes disciplinas les piden para protegerse cuando tienen alguna lesión, y acaba de patentar unas espinilleras para hockey, un juego que hasta el momento no contaba con protecciones flexibles. Simón Cabarcos tiene intención de innovar también en el fútbol, incorporando algún “gadget” tecnológico a sus espinilleras.
Blindaxe se mueve en un mercado que se encontró virgen y en el que ahora le han salido competidores. “Pero fuimos los primeros”, recuerda el pontés, que atribuye la buena marcha de la empresa, fundamentalmente, a la publicidad que le hacen sus propios clientes. “Mucha gente confía en nosotros”.

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