Al límite en Picos de Europa

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“Las hélices rodaron cerca de nuestras cabezas”, dice uno de los deportistas gallegos que cuidaron de Damián Ramos
[Faro de Vigo] El triatleta gallego Javier Pérez Bouza se considera una persona difícil de impresionar y “dura de coco”, pero en la madrugada del domingoreconoce que “estuvo al límite, de verdad”, tal y como el mismo admite en un escrito que ayer publicó a través de las redes sociales. En él, este coruñés de 41 años narra los difíciles momentos que vivió durante el “Raid Picos de Europa”, evento deportivo multidisciplinar en el que su compañero Damián Ramos, también gallego, sufrió una lesión en el pico La Polinosa, que les llevó a solicitar la ayuda de los servicios de emergencia. Tras más de seis horas de espera, el aspa del helicóptero que acudió a rescatarlos chocó contra la ladera y tres de los guardias civiles que iban a bordo fallecieron.


Su relato comienza con palabras de “agradecimiento y respeto” a todos los miembros del Grupo de Rescate Especial de Intervención en Montaña (Greim) y “a los héroes que cada día velan por nuestra seguridad”, sin olvidar expresar sus condolencias por los tres fallecidos. “Todo ocurrió sobre las dos de la mañana, cuando coronamos la cumbre de la Polinosa -a 2.300 metros- para pasar un punto de control, empezamos a descender por una cara de la montaña, una bajada técnica, pero que no entrañaba peligro”, relata. “Con la mala suerte de que Damián apoyó un pie en una piedra que parecía firme y se desplomó unos 100 metros, con la suerte de encontrar un matorral al que agarrarse, quedando apoyado en una cornisa de unos dos de largo por dos de ancho, haciéndose una fractura muy fea en la tibia y con la grandísima suerte de no golpearse la cabeza contra una piedra”, cuenta.
“Darle conversación”
El compañero Alberto Taboada, que también se encontraba en la zona, fue el encargado de descender la montaña rápidamente en busca de ayuda, según relata Bouza, que se quedó junto a su amigo lesionado “tratando de darle conversación, de protegerlo de la hipotermia con mantas térmicas, que se rompían por el viento, además de racionalizar la comida y la luz de los frontales”. Otra de sus preocupaciones durante aquella larga madrugada fue la de mantenerle la fractura inmóvil, limpia y controlar que no sangrara o se lesionara más.
Al ser una cornisa pequeña, Bouza se tenía que mantener en cuclillas, mientras que el herido se encontraba acostado descansando. “Aunque se escurría hacia el precipicio y cada poco teníamos que movernos y moverle la pierna fracturada hacia arriba”, dice Bouza, a quien Ramos dio “una lección de coraje, sin quejarse y en actitud positiva”.
Este enamorado del deporte, que no piensa abandonar la competición, cuenta que, sobre las 9 de la mañana, ya cansados por las horas de insomnio, escucharon el helicóptero “que pasó delante de nosotros tres veces sin vernos, no nos lo podíamos creer, le hacíamos señales con los cachos de manta térmica y luces rojas hasta que en una cuarta pasada nos vieron”. El helicóptero dejó cerca a dos miembros del Greim, “muy amables”, que se encargaron de inmovilizar la pierna del herido con una férula rígida.
Cuando el aparato descendió de nuevo para evacuar a los deportistas, Bouza cuenta que Enrique Ferrero, sargento jefe de equipo, intentó meter a Damián por la cintura y entonces la hélice del aparato tocó una piedra. “En un acto reflejo, los dos tiramos de Damián y nos echamos para atrás, despeñándose el helicóptero y pasándonos la hélice y los cachos de las piedras muy cerca de nuestras cabezas”.
Fue entonces cuando Ferrero subió finalmente a la cima a buscar cobertura y pedir ayuda. Después bajó para dar apoyo a los deportistas. Una hora más tarde, un helicóptero de bomberos de León los rescataba, poniendo fin a su pesadilla en la alta montaña.

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