Más de cuatro décadas sin moverse de detrás de la barra de un bar

Un grupo de hosteleros veteranos de la villa protagonizarán mañana un pregón que servirá de pistoletazo de salida a las Festas do Carmen e a A Fraga de As Pontes

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Detrás de cada uno de ellos hay una parte de la historia de As Pontes. De su memoria depende la confección de esa otra crónica local, la que se vivió detrás de las paredes de los bares y casas de comidas que regentaron durante más de cuatro décadas y que, en la mayoría de los casos, siguen gestionados por la segunda, tercera o incluso cuarta generación. Es el caso de dos ellos: Casa Picos en la parroquia de A Faeira y Casa Díaz en Goente. Francisca y Francisco Díaz Calvo han estado detrás de la barra de esos negocios toda una vida. Fueron sus padres los que pusieron a andar el primero de ellos. «Foi alá pola década dos 30», recuerda Francisca. Su turno comenzó a finales de los 60 y para su agrado la maquinaria del negocio familiar no se ha detenido y ahora son su hija Pili y su nieta Lucía las que continúan la saga. Fue también allí, en Casa Picos, donde su hermano dio sus primeros pasos en la hostelería, pero pronto probó otros menesteres. «Ata os 12 anos estiven alí. Nese momento funme para Perlío a aprender a coser. Cando volvín á Faeira seguíronme ensinando e no ano 57, ao casar, fun xa para Goente e montei Casa Díaz», explica. Desde entonces, 46 anos dirigiendo un local por el que han pasado numerosos vecinos de la comarca y que, en la actualidad, atienden sus nietos Francisco Javier y Laura. Lo hacen eso sí, en una situación bien diferente: «Cando empezamos, os domingos dábamos máis de 200 comidas. Agora, o día que chegas a 100 xa supón moitísimo», compara. Próximo a ellos, en San Pedro de Eume, Eladio López mantiene vivo un bar -Casa Eladio- que montaros sus abuelos, pero que empezó a dirigir su padre al volver de la mili. «Gústame este traballo, pero máis me gustaría se tivera máis clientes», ironiza. En la misma batalla se encuentra Ubaldo Ramil, de la Taberna do Freixo. Aunque reconoce que «é a miña muller a que leva todo o peso», confía en mantener un negocio que levantaron sus padres, Evangelino y Benigna, en una parroquia «na que case non queda xente, haberá unhas 20 casa habitadas».

Zona do Rego do Muíño

Sus locales ocupaban un lugar estratégico hace décadas. El Cantábrico, La Cueva y O Atallo, todavía operativos en la zona del Rego do Muíño, eran parada obligatoria para vecinos y trabajadores de la zona. Las historias de sus tres impulsoras presentan numerosas similitudes. Arcadia Díaz y Amable Aneiros, inauguraron O Atallo en el año 69. Sus vecinos también. Un poco más abajo, Carmen Fernández y su marido abrían las puertas de La Cueva. En ambos casos sus hijos han sido los que han cogido el testigo. «Estou encantada con que meu fillo siga», dice Fernández. «A miña experiencia foi tan boa que os clientes acabaron sendo amigos». Lo comparte Carmen Barro, cocinera y alma del Cantábrico de 1957 a 1983. Ahora es su sobrina Hilda la que atiende un negocio en el que «fun moi feliz. Costoume moito traballo deixalo», señala. El Cantábrico fue también escuela de su sobrino y actual propietario del bar Daniel. «Llevo desde los 14 años en esto. Me gustaba y me gusta aunque reconozco que es duro. Abrimos a las cinco de la mañana y no cerramos hasta medianoche». A su lado asiente, José Antonio Ferrer al frente del Rodas desde que cogió el relevo de sus padres a principios de los 80. Pasado, presente y futuro de un municipio cuyo pregón mirará a través de los ojos de sus hosteleros.

Fuente La Voz de Galicia

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