Las primeras cosechas ecológicas de As Pontes empiezan a enraizar

Cada sábado, Cynthia Arias se desplaza al mercado de abastos de la villa para vender los cultivos que produce desde su nueva base de operaciones: la parroquia de Aparral

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Cuida con mimo las tierras que un día vieron crecer a su abuelo. Lo hace a través de un proyecto enraizado en la parroquia pontesa de Aparral -bautizado como Aleira-, que nace con la firme convicción personal de quien está detrás de la que es la primera plantación de agricultura ecológica del municipio. «La gente ignora lo que come y esa es una de mis preocupaciones, pero también mi gran reto». La filosofía sobre la que se asienta el proyecto de la pontesa Cynthia Arias tiene un doble objetivo: «La agricultura convencional deteriora los suelos con abono y los convierte en infértiles. Yo quiero cuidar la tierra de otra manera». Lo tiene claro desde hace tiempo. Mucho antes de que su madre la animara a estudiar el ciclo de Producción Agroecolóxica que la llevó a residir en Ponteareas. «Tomar la decisión de ir allí reforzó mi idea. A medida que pasaba el tiempo lo tenía más claro, así que el proyecto de fin de curso se acerca bastante a lo que hoy es Aleira». En medio, una estancia de más de dos meses en una granja irlandesa. Una experiencia que Arias califica de «irrepetible» porque sus dueños fueron «los mejores profesores del mundo». La elección del destino no fue fruto de la casualidad. «El clima es parecido. No hubiera tenido sentido que me fuera a Castilla teniendo en cuenta las grandes diferencias que tenemos con esa zona». ¿Cómo era un día allí? «Por la mañana trabajaba entre las 9 y las 2. A esa hora nos daban una comida deliciosa. Creo que nunca volveré a comer tan bien como allí. Por la tarde, volvíamos un par de horas. Se preocupaban mucho de que aprendiéramos, pero sobre todo de que no perdiéramos el interés». Allí se acercó a especies poco conocidas en esta zona como el «kale», un producto de moda, que ha entrado con fuerza en el mercado para consumir a base de licuados verdes, que no descarta producir. A su regreso, el proyecto comenzó a enraizar.

Certificado de calidad

Reconoce que el proceso fue «engorroso» porque «tuve que pedir licencias, presentar el proyecto y adherirme al Consello Regulador de Agricultura Ecolóxica de Galicia». Y cumplir sus exigencias. Entre las que se encuentra convertir los terrenos, o lo que es lo mismo, tratarlos durante dos años, pero sin poder vender con certificación ecológica lo que de allí sale hasta que se agote ese período. El sello para Aleira llegó el pasado julio y ahora, con la ayuda de su familia y de su novio Iván, la joven afronta una primera fase, la experimental. Desde hace tres semanas vende sus cultivos en el mercado municipal. Tomates, pimientos, berenjenas, cebollas o puerros que comienzan a tener sus primeros seguidores. «El primer sábado una señora me compró unas patatas y repitió el siguiente por lo rica que la había salido la tortilla», cuenta sonriente. Mientras se da a conocer presume de cultivos con mejor sabor, más nutrientes y, sobre todo, más saludables. Por el momento, tiene previsto desplazarse cada sábado al mercado pontés, pero en unos meses se plantea repartir a domicilio cestas con productos de temporada. Nuevas ideas a las que va dando forma mientras aguarda por una ayuda que le permita establecer en sus terrenos un invernadero de mil metros cuadrados. «Si no llega, seguiremos adelante, con uno de segunda mano o más pequeño». «Iremos más despacio -sostiene- pero el fin seguirá siendo el mismo». De la huerta al plato con todas las garantías de calidad.

Fuente La Voz de Galicia

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