Estefanía Beceiro, una trompista de primera división

Hace 6 años, la pontesa se impuso a 88 aspirantes y accedió a la Sinfónica de Bilbao

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De Estefanía Beceiro (As Pontes, 1986) bien podría decirse que milita en la primera división de la música. Se ha formado en Madrid, San Sebastián y Londres y con su trompa a la espalda ha tocado por medio mundo. Y aunque ahora una hernia discal la mantiene fuera de juego, la joven no se detiene. «Nunca he dejado de estudiar, lo hago todos los días. De hecho, mis amigas todavía me recuerdan que llevo desde pequeña diciendo que me tenía que ir a casa a estudiar».

-¿De la música se vive o se malvive?

– En mi caso nunca me ha faltado trabajo, llevo sin parar desde los 16 años, pero no todo el mundo tiene la misma suerte. Yo he podido trabajar con la mayoría de las orquestas españolas y el teléfono nunca ha dejado de sonar, pero sí es cierto que hay mucha gente que no está en la misma situación y que lucha por salir adelante en escuelas precarias.

-¿Qué queda de aquella niña de 8 años que empezó a tocar la trompa en el conservatorio pontés?

-Mucho, de hecho, sigo vinculada a la Banda pontesa. En verano suelo tocar en el concierto de las fiestas y aprovecho para dar algunas clases. Empecé ahí y me gusta mucho seguir haciendo cosas con ellos. Disfruto viendo que siguen luchando por mantener lo que arrancó hace años.

-En su caso, ¿salió de usted o alguien le metió el gusanillo musical?

-El culpable fue mi abuelo, músico amateur y gran amante de todo esto. A él le parecía muy importante que tuviera una formación musical y se empeñó en ello. Al principio me costaba, me daba bastante igual todo, pero mi abuelo me exigía mucho. Venía todos los días a estudiar conmigo. De ahí ya fue todo rodado, del conservatorio pasé a la Banda y hasta ahora.

-¿Y ahora qué le dice?

-Siempre le he escuchado decir que he conseguido cumplir su sueño, lo que él nunca pudo lograr. Para mí eso es un orgullo, es muy exigente conmigo y hay muchas cosas que me enseñó él de niña que están muy presentes en mi día a día.

-Se lo habrán preguntado muchas veces, pero, ¿por qué la trompa y no otro instrumento?

-Surgió por una serie de circunstancias. En realidad yo iba a tocar la trompeta, pero cuando entré en el conservatorio el director me animó a cambiar de idea porque no había ninguna trompa. No puse ninguna objeción y me animé. Y así me convertí en la única trompista de mi pueblo durante años, aunque ahora hay unos chicos jovencitos que se han puesto a ello.

-A los 16 años se marchó a A Coruña a continuar su formación. ¿Ahí ya se había dado cuenta de que quería dedicarse a la música?

-Mucho antes. Yo con 11 o 12 años ya lo tenía claro. Mi familia no, pero yo sí. A ellos -excepto a mi abuelo- les daba miedo, pero yo ya me movía en este ámbito y lo tenía claro.

-Tanto que no ha parado de moverse. De A Coruña, a San Sebastián, de ahí a Madrid. Y en 2009 el salto a Londres.

-Me formé en el Centro Superior de Música del Pais Vasco y con solo 20 años empece a hacer tours con la Joven Orquesta de la Union Europea. Después me fui a Madrid y, en el 2009, a Londres y ese fue ya el punto de inflexión de mi carrera.

-¿Por qué fue tan relevante esa estancia en la capital inglesa?

-Me convertí en una súper trompista. Aprobé contratos en la London Symphony Orchestra, en la London Philharmonic Orchestra y en la Philarmonia. Alucinaba con que la gente contara conmigo. Fue un paso muy grande.

-Desde el 2011 está asentada en la Orquesta Sinfónica de Bilbao, pero sigue girando por todo el mundo. ¿Ve con envidia la imagen que tienen los músicos fuera de España?

-Va un poco con la cultura musical del país y aquí no hay tradición. He viajado por Malasia, Japón, Estados Unidos y toda Europa y las cosas son muy diferentes. Aquí me han preguntado si me pagan por tocar y en Alemania voy con mi instrumento a la espalda y me tratan de usted.

Fuente La Voz de Galicia

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