Galicia afronta ya el ocaso de la industria del carbón

La central de As Pontes se remodela para continuar produciendo con mineral importado y contaminar menos. La UE fija el 2050 como el tope para una economía sin energías fósiles

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As Pontes explotó durante cuarenta años la mayor mina a cielo abierto de España. El yacimiento de lignito pardo que gestionó la eléctrica alimentó entre mediados de los setenta y el 2007 a la central térmica de 1.400 megavatios, la de más potencia instalada del país y, una vez que finalizó su vida útil, la mina volvió a convertirse no solo en referente nacional, sino internacional, al transformarse en el mayor lago artificial de Europa.

También en la provincia coruñesa, en el municipio de Cerceda, funcionó desde 1980 y hasta el 2007 la segunda mina de carbón gallega, que explotó Fenosa paralelamente a su central, de 550 megavatios de potencia. Como el pontés, el yacimiento de As Encrobas dejó de estar operativo hace once años y a partir de entonces comenzó su transformación en un lago.

Una década después del cierre de sus minas de lignito y de acoger dos actuaciones medioambientales señeras, Galicia comienza a atisba un horizonte sin carbón. El plazo máximo que establece la Unión Europea para la descarbonización de la economía es el 2050, año en el que exige que se hayan reducido en un 80 % los gases de efecto invernadero con respecto a los niveles de 1990. Es un proceso a largo plazo pero que marca una hoja de ruta ineludible para que los países miembros vayan aplicando medidas encaminadas a lograr ese objetivo, alcanzando una reducción del 40 % de las emisiones en el 2030 y del 60 %, en el 2040.

Galicia, que continúa produciendo electricidad con carbón, lo seguirá haciendo y durante bastantes años más, aunque las propias compañías eléctricas que gestionan las instalaciones potencian otras muchas alternativas verdes, se han lanzado a las energías renovables y a favorecer el uso del coche eléctrico y la fabricación de biogás, entre otros. De hecho, en Galicia se dispararon todas las alarmas cuando, a mediados del pasado mes de noviembre, el secretario de Estado de Energía, José Domínguez, situó, «entre el 2020 y el 2030», el fin de todas las centrales de carbón del país. «Mi vaticinio es que van a cerrar bastante antes de una manera natural, y no porque las cerremos», reseñó en alusión a las exigencias medioambientales europeas.

Lo cierto es que no existe una fecha marcada para que la comunidad jubile su producción eléctrica con este mineral y, de hecho, días después, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, corrigió a Domínguez y espantó el fantasma de la clausura al alcalde de As Pontes, el también socialista Valentín González Formoso, pero nadie duda ya de que, como hasta ahora, las directrices comunitarias irán marcando el rumbo en el medio plazo.

Si bien en el caso de Naturgy -la nueva marca de Gas Natural Fenosa- aún no se ha despejado oficialmente qué pasará con la central térmica de Meirama, en As Pontes se mira al futuro con mucho optimismo, ya que Endesa acomete actualmente una inversión de 214 millones de euros para adaptar su central a las exigencias de la Directiva de Emisiones Industriales (DEI) y a las aún más estrictas normas Bref para reducir drásticamente las emisiones a la atmósfera. Los trabajos de reforma permitirán alargar otros 25 años la vida útil de las instalaciones y garantizar no solo la operatividad de la térmica, sino también la de su terminal de descarga del carbón del puerto exterior ferrolano, por donde recibe el mineral del que se abastece, y seguir sustentando un sector, el del transporte por carretera, que tiene en las rutas entre Caneliñas y la vida minera un importante foco de actividad. Unos 700 empleos proseguirán así ligados a este núcleo generador.

Naturgy continúa sin comunicar oficialmente qué hará con su térmica, pero el hecho de que no haya optado por emprender las obras y que el plazo dado para tenerlas listas sea el 2020 hacen prever que el fin de su operatividad esté más cerca.

una larga trayectoria minera Desde la mitad de la primera década de este siglo, ambas centrales únicamente se nutren de carbón de importación, pero la historia de estas instalaciones no se concibe sin el desarrollo de los yacimientos de lignito que hoy acogen sendos lagos artificiales. De hecho, además de sus características geotécnicas, las exigencias medioambientales impuestas a las térmicas han determinado el devenir de los dos yacimientos.

Los primeros trabajos comenzaron en el de As Pontes en los años 40 del siglo pasado, siendo propiedad la mina de la Empresa Nacional Calvo Sotelo, creada por el Instituto Nacional de Industria (INI). La producción de carbón sirvió para poner en funcionamiento una central térmica de 32 megavatios de potencia, y también un complejo carboquímico. En los años 70 pasó a manos de Endesa, que ya operaba la central con la potencia actual, y a partir de entonces el yacimiento registró sus mayores años productivos. La mina llegó a tener una profundidad máxima de 288 metros, con 19 capas de espesores que oscilaban entre 1 y 28 metros. Además, disponía de un entramado de pistas, con una longitud total de 90 kilómetros, que comunicaba entre sí todas las instalaciones y también las máquinas.

Durante la vida útil de la instalación pontesa se llegaron a producir 260 millones de toneladas de lignito, mientras que en Meirama fueron unas 93. En el período comprendido entre 1980 y 1992, se extrajeron anualmente del yacimiento pontés unos 12 millones de toneladas de mineral, cifra que en el de Fenosa se rebajó hasta los cuatro millones.

En los momentos álgidos de la actividad, en torno a 1987, en la mina pontesa llegaron a trabajar cerca de 1.800 personas; en la de As Encrobas, unas 600.

Método alemán

Endesa utilizaba el denominado método alemán, de forma que las excavaciones se llevaban a cabo con grandes máquinas, que depositaban el material en cintas transportadoras, que enviaban el lignito a un parque de almacenamiento en la central térmica. Ingenieros alemanes llegaron a sorprenderse de cómo se llevaban a cabo los trabajos en la mina de la comarca eumesa, cuya composición geológica era complicada y también por la cantidad de días de lluvia que registraba la zona, lo que entorpecía las tareas en un yacimiento a cielo abierto.

Cuando las dos térmicas adaptaron sus instalaciones, a principios de la década de los 90, para quemar en sus calderas una mezcla del lignito local (de alto contenido en azufre) con mineral de importación, menos contaminante, la producción de las minas cayó drásticamente. En el caso de Endesa, a la mitad, pasando a extraer seis millones de toneladas anuales, y en el de la planta de la antigua Unión Fenosa, tres millones. Entonces, ya se atisbaba el fin de la vida útil de ambas explotaciones, que dejaron de funcionar en el 2007. Como todos los proyectos mineros, sus propietarios ya habían comenzado muchos años antes a desarrollar las actuaciones de regeneración que iban a implementar cuando cesase la actividad en los yacimientos. En ambos casos, los materiales estériles que se habían extraído habían sido depositados en escombreras exteriores, que después de aplicar planes de regeneración, se convirtieron en espacios naturales de gran biodiversidad.

Así, de la mina de Endesa se extrajeron cerca de 700 millones de metros cúbicos de material estéril que, una vez apilados en la escombrera exterior, configuraron un espacio de 1.200 hectáreas, con más de 600.00 árboles y, 180 especies distintas de animales. En la de Cerceda habitan 839 especies zoológicas y botánicas.

Pero, sin duda, la mayor transformación medioambiental de los yacimientos ha venido dado con los lagos. El de As Pontes tiene cinco kilómetros de largo y 18 de perímetro, mientras que el de As Encrobas, 2,2 por siete. Constituyen la segunda vida de las minas de carbón gallegas.

Sendos embalses artificiales constituyen la segunda vida de la los yacimientos gallegos

En el yacimiento pontés llegaron a trabajar en los 80 unos 1.800 empleados; 600 en Meirama

Décadas de aprovechamiento. De las minas de As Pontes y Meirama se extrajeron durante décadas millones de toneladas de lignito pardo, con el que Endesa y Fenosa alimentaron sus centrales térmicas. Mientras que el aprovechamiento de la mina se desarrolló sin incidencias en As Pontes, en As Encrobas hubo un fuerte rechazo inicial.

Fuente La Voz de Galicia

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