Evaristo Puentes Leira: «Con ocho años dirigía a los adultos»

Su padre forjó su pasión por el silbato, es el árbitro gallego con más temporadas en Primera y admite le quedó «la espinita» por no haber llegado a ser internacional

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Ningún gallego ha pulverizado su registro desde que se retiró en el 2006. Evaristo Puentes Leira (As Pontes, 1969) estuvo once temporadas en la élite y dirigió 184 encuentros de Primera División. Lleva trece años como directivo en el comité de árbitros. La suya es una vida dedicada a ese mundo desde que acompañaba a su padre al campo de O Poboado.

-Era un niño y ya quería dirigir partidos. No es algo frecuente.

-Mi padre me regaló una camiseta que le había dado un árbitro. Y con la misma, me presenté en el Colegio para federarme. Cuándo me preguntaron la edad, se quedaron escandalizados. Tenía ocho años. Me dijeron que no.

-No me extraña.

-No lo conseguí hasta los doce. Entonces ya había arbitrado muchos partidos en mi pueblo. Me apuntaba en todos los torneos que había, me conocían por eso. Dirigía a los adultos y no era más que un niño, aunque la estatura me ayudaba. Fue la mejor forma de curtirse. El número de árbitros era mucho menor que ahora. Tenía que colaborar también en el fútbol sala, llegué a la categoría Nacional. Pitaba dos partidos el sábado por la mañana y otro por la tarde. Dos el domingo por la mañana y otro por la tarde. De sol a sol.

-Algún susto se habrá llevado.

-Alguno, sí. Pero nada muy grave. Recuerdo una semifinal de la Copa de A Coruña. Jugaba el Paiosaco contra el San Tirso. Nunca había pitado allí, era un chavalito y llegué muchísimo tiempo antes. Me puse a cubrir las actas y no sabía ni cómo se llamaba el campo. Abrí la puerta del vestuario y vi a un señor muy mayor apoyado: «Jefe, ¿me puede decir el nombre del campo?», le dije. «Se llama A Porta Santa, pero tú vas a salir por la del infierno», me contestó. Volví pitando al vestuario. La gente se queda con lo difícil que es pitar en Primera, pero lo difícil era realmente aquello.

-Su progresión fue meteórica. Ascendió a Tercera, pasó tres temporadas en Segunda B y otras tres en Segunda, antes de que alguien le diese la gran noticia.

-Fue en una cena en Baiona. El presidente del colegio, en el discurso de clausura, comunicó mi ascenso a Primera. No sé ni por dónde vine de vuelta en el coche. Estaba en el aire. Lo primero que hice fue llamar a mis padres. Me ayudaron mucho. Comprándome la ropa y mi primer coche para desplazarme para arbitrar, dándome dinero para quedarme en un piso de futbolistas en Ferrol.

-¿Sufre mucho el padre de un árbitro de Primera?

-Siempre que salía una designación, venía a verme: «¿Dónde vas, Titiño?», me preguntaba. Yo le decía: Osasuna-Betis. Él movía la mano y me contestaba: «¡Pá la virgen!». La semana siguiente, igual. Voy al Valencia-Espanyol. «¡Pá la virgen!». Daba igual qué partido fuera, todos le parecían difíciles y me respondía lo mismo. Hasta que un día, como siempre, me preguntó: «¿Dónde vas, Titiño?». Le dije, al Real Madrid-Barcelona. Se quedó callado, mirándome, y no le salió ni el ¡«Pá la virgen»!.

-La repercusión de un partido entre el Real Madrid y el Barcelona es enorme.

-De tantos mensajes y llamadas que recibí, se me murió el teléfono. ¡Y era nuevo! Colapsó, ya no arrancó más. Es una responsabilidad enorme, pero el partido más difícil de mi carrera fue un Barcelona-Valencia, con dos expulsiones y dos penaltis.

-Y lo hacía sin VAR.

-Ojalá lo tuviera yo en mi época. Muchas veces tenías la duda o la preocupación de si había dejado algo sin pitar. A veces, ya ni me daba tiempo a llegar a ver las imágenes. Salías del campo y ya te estaban gritando en qué te habías equivocado, diciéndote de todo. Era un sufrimiento. Para eso, era mucho mejor la Segunda División. Yo fue la categoría que más disfruté. Los clubes te tratan con otra cercanía, con mucho respeto. Y la repercusión de tus errores es mucho menor. Tienes que cometer uno realmente grave para que trascienda.

-¿Puede un árbitro relajarse?

-Me tocó un partido de Copa en el País Vasco. Y, no es que nos lo tomáramos a coña, pero no sé por qué los asistentes y yo fuimos algo más tranquilos, confiados en que, con la experiencia que teníamos, sería sencillo. Fue uno de los partidos más difíciles de mi vida. Marrullero, con un montón de jugadas. Hubo de todo. Me cogió con la guardia baja y lo pasé realmente mal. Salió horrible. Fue toda una lección para los tres y lo hablamos al terminar para que no se repitiese.

-Fue muchas veces cuarto árbitro en competiciones europeas, junto a López Nieto, Díaz Vega o Mejuto González. Pero se retiró sin llegar a ser internacional.

-Fui al campo del Manchester United, del Liverpool, del Arsenal, del Ajax, del Bayern, del PSG… Son experiencias inolvidables. Mi sueño siempre fue llegar a Primera División, nada más. Pero no niego que cuándo te ves allí, en la banda, piensas que ese puedes ser tú. Esa espinita me quedó clavada. A lo mejor no supe estar a la altura entonces de lo que esperaban de mí.

Paralela a su trayectoria como árbitro, Puentes Leira se forjó como empleado de banca. Hoy, trabaja en el departamento de Instituciones de uno de los bancos más grandes de España.

-¿Hay más protestas en un campo de fútbol o en el mostrador de un banco?

-La exigencia en un banco es muy grande también. Al final, son clientes y tienes a una gran entidad detrás. Ahora me dedico más a cuestiones de gestión, creo que van más conmigo.

-De algunos futbolistas debió acabar hasta la gorra.

-Un día me dije: «Evaristo, aquí cada uno mira por lo suyo, así que tú mira por ti y déjate de paternalismos». Nada de pasar la mano. Nadie sale al campo para ayudar al árbitro.

-¿Guarda la camiseta de algún jugador al que arbitró?

-Sí, tengo varias. La de Figo, de Zidane, de Joaquín… eran detalles que a veces tenían ellos después de los partidos.

-¿Nunca pidió una?

-No, no. Alguna vez hice alguna petición para una causa solidaria de un niño que no estaba bien, no para mí. Recuerdo una a Fernando Torres. También había gente que me las pedía por pedir y se creía que podía ir a un partido a desvestir a un equipo. Les hacía ver que no podía ser. Nunca he tenido un problema por eso, gracias a Dios.

-¿Reza mucho?

-Siempre. Soy profundamente creyente. En mi vida tuve momentos difíciles y siento que he tenido ayuda.

-¿Ha cantado alguna vez aquello de: «Soy Evaristo, el rey de la baraja…»?

-¿Eso qué es?

-Una letra de Extremoduro.

-No, nunca.

Fuente La Voz de Galicia

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