Los expertos urgen a la Xunta a crear un plan de transición ecológica

Sin una hoja de ruta, la comunidad perderá ayudas vinculadas al cambio climático. Bruselas incluso podría sancionar a la Administración gallega por carecer de una estrategia

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por Naciones Unidas representan papel mojado sin un plan de ejecución. La Agenda 2030 se ha diseñado precisamente para crear una hoja de ruta que permita al mundo llevar a cabo una transición energética. Y la política debe sentar las bases del cambio de modelo.

Desde Europa se están dando los primeros pasos, a través de los llamados protocolos Nexus. «Hay una serie de objetivos transversales que son lo que llamamos CLEWs, las iniciales en inglés de clima, tierra, energía y agua. Sobre estos cuatro pilares se han creado un conjunto de redes neuronales que ayudan a elaborar mapas de transición sostenible para una determinada región. Por ejemplo, se introduce la información referente a la radiación solar, la población, el viento y otro tipo de variables y se obtiene un modelo que te dirá dónde hay que instalar la energía centralizada o distribuida y cuáles son las mejores zonas para explotar los cultivos, con previsiones a diez años. En definitiva, se trata de un plan para desarrollar políticas concretas», explica Ángeles López, profesora del Máster en Energías Renovables, Cambio Climático y Desarrollo Sostenible de la Universidade de Santiago.

Sanciones

Muchos países del mundo como Nigeria, Madagascar, Perú y Ecuador ya tienen sus CLEWs listos. En Europa, potencias como Noruega y Alemania disponen de ellos y Francia incluso ya está trabajando por regiones. En España y Galicia ni hay ni se esperan, al menos de momento. Quedarse atrás en la carrera de la transición ecológica puede costar muy caro. «A partir del 2020 cada vez que una región quiera pedir ayudas al Banco Mundial para desarrollar cualquier acción que tenga que ver con el cambio climático tendrá que presentar el mapa CLEWs de la zona. Está en juego una cantidad muy importante de dinero», advierte López.

Además, el coste de quedarse al margen de la estrategia medioambiental no se limita únicamente a la financiación. Si Galicia no se adapta al marco que imponen las instituciones europeas, el modelo actual de muchos sectores se vería seriamente comprometido.

«Ahora mismo se está hablando de cerrar Cerceda y en unos años As Pontes. La Unión Europea podría sancionar a Galicia por actuar de forma unilateral. Es decir, de tomar medidas sin un plan», sostiene José Antonio Rodríguez Añón, coordinador del máster que oferta el departamento de Física Aplicada de la USC. «En estos momentos se está debatiendo también sobre la liberalización parcial de la energía solar de autoconsumo. ¿Esto es algo bueno o malo? ¿Debemos hacerlo o no? En caso afirmativo, ¿qué localidad de la comunidad gallega deberíamos primar? ¿Hay que hacerlo en el rural o en las ciudades», se pregunta López.

Política pesquera

Y no solo está la cuestión del modelo energético, sino también la política forestal o pesquera. «Bruselas puede fijarnos la cuota lechera y si no cumplimos, imponernos una multa. A día de hoy también consideramos que la producción de mejillón forma parte de la pesca artesanal y, sin embargo, Bruselas no lo cree así. Podríamos encontrarnos con que desde Europa se nos pida una reestructuración completa de todo lo relacionado con las bateas. O incluso se habla de la eslora de los barcos. A partir de unas determinadas dimensiones dejarían de integrarse dentro del modelo artesanal y por tanto habría que desguazar una flota entera. Si tuviésemos un mecanismo para explicarle a Bruselas que la pesca del mejillón sí es artesanal porque se incluye dentro de nuestro plan estratégico de transición, todo sería diferente. Estas decisiones van a depender muy pronto de que tengamos algo con lo que defendernos. De ahí, que sea tan importante crear nuestros propios CLEWs», explica Añón. «Una de las cuestiones que nos obliga a plantear la situación actual es, -nuestra pesca artesanal se puede considerar sostenible o no- Ahora mismo no disponemos de una respuesta», añade la experta.

Con todos los recursos naturales a su alcance, Galicia podría situarse a la cabeza de este proceso de transición. «Gracias a este tipo de mapas sabemos perfectamente qué y cómo tenemos que hacerla. Solo falta la orden de la Xunta. Ya vamos algo tarde pero aún hay margen para que nuestra comunidad se pueda anticipar, porque lo cierto es que tenemos potencial para ello», asegura.

Estudiantes especializados

Galicia cuenta además con un factor clave, del que no pueden presumir otras comunidad de España, el capital humano. El máster que ofrece la Universidade de Santiago es el único que mezcla energías renovables, cambio climático y sostenibilidad. «Tenemos una asignatura dedicada exclusivamente a la creación de comunidades sostenibles», apunta López. «Nosotros tenemos alumnos preparados y dispuestos a hacer el CLEW de Galicia en cuando nos lo pidan, pero necesitamos que la Administración se decida a tomar la iniciativa. En los encuentros que hemos mantenido hasta ahora nos confesaron que nunca habían oído hablar de este concepto pero al menos se han mostrado muy interesados», reconoce Añón.

Pérdidas de empleo

En la próxima década se decidirá en buena medida el clima del futuro. Si no se transita hacia una economía global baja en carbono, los efectos del aumento de la temperatura media global se intensificarán. Hace unas semanas se pudo ver un pequeño anticipo de lo que está por llegar. Un informe de la Agencia Estatal de Meteorología determinó que la masa de aire cálido que originó la última ola de calor en Europa fue la más caliente desde que existen registros. Las altas temperaturas, con valores muy por encima de los cuarenta grados, provocaron varios fallecidos, entre ellos un joven de 17 años.

Coincidiendo con el episodio de calor extremo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hizo publico un documento que señala que el cambio climático le costará a la economía mundial 2,4 billones de dólares hasta el 2030 como consecuencia de la pérdida de productividad que las altas temperaturas provocará entre los trabajadores.

Los autores de la investigación han calculado el impacto que el calor y el estrés térmico causan a los trabajadores, y han concluido que habrá una pérdida del 2,2 % de las horas de trabajo globales, equivalentes a 80 millones de empleos a tiempo completo.

Otro estudio reciente de la prestigiosa Universidad de Stanford muestra el efecto sobre la economía que tendrá cada grado que aumente la temperatura media a lo largo de este siglo. Si sube cuatro, un escenario real, el producto interior bruto mundial caería un 30 %, un descenso mayor que durante la Gran Depresión. En contraposición, un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables indica que si en el 2030 la generación de energías limpias alcanzase el 30 %, el PIB mundial crecería un 1,1 % y se crearían 24 millones de empleos.

Fuente La Voz de Galicia

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