Endesa inicia las pruebas de biocombustibles y carbón, que se dividen en dos fases

La empresa destina un millón de euros a los test, de cuya viabilidad técnica y económica depende el futuro de la central

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Las esperadas pruebas con biocombustibles ya son una realidad. La central térmica de As Pontes iniciaba ayer la primera fase de un proceso fundamental para determinar el futuro de las instalaciones, que ven cada vez más cerca el cierre anunciado para el 30 de junio de 2021. Tras esta fase inicial, los test definitivos están previstos para finales de este mes de septiembre o principios de octubre y después llegará el momento de analizar los resultados para determinar la viabilidad técnica y económica de mezclar carbón y los mal llamados lodos para producir energía.

El Grupo I, elegido para llevar a cabo los test -también ha estado operando durante este verano cuando fue preciso-, arrancaba ya de noche para iniciar una primera parte del proceso, que se estima que se prolongará durante unas ocho jornadas, condicionado además a que la térmica pontesa tenga hueco en el mercado y pueda así generar energía.

En las pruebas iniciales se usa una mezcla compuesta al 70% de carbón y al 30% de una enmienda orgánica no especificada, como denominan desde Agroamb a las 20.000 toneladas de material suministrado por esta firma con sede en Castro de Rei.

En los próximos días se testarán varias especificaciones hasta llegar a una composición de un 50% de biocombustibles y un 50% de carbón, del que se usarán dos tipos diferenciados. Así, se dispondrá del empleado tradicionalmente en la central, un tipo sub-bituminoso de origen indonesio, y a mayores se utilizará otro bituminoso, con un mayor poder calorífico, importado de Kazajistán. Endesa adquirió cerca de 8.000 toneladas de este producto, que se transportó en barco desde Gijón hasta el puerto exterior de Ferrol, donde se descargó a la espera de su utilización.

Personal del Instituto para la diversificación y Ahorro de la Energía (Idae) y del Instituto Enerxético de Galicia (Inega) supervisarán tanto las pruebas de aproximación como las definitivas, a las que Endesa destina un millón de euros.

Una vez concluidas, se analizarán pormenorizadamente sus resultados, teniendo en cuenta aspectos como los residuos generados, las emisiones que se producen o la rentabilidad económica para decidir si se trata de una opción viable para prolongar la vida de la central térmica pontesa, cuyos trámites para el desmantelamiento, iniciados por Endesa, siguen su cauce.

Fuente El Progreso

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