Ence prepara sus plantas en España por si decide abandonar Galicia

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El grupo sondeó terrenos en el norte de Portugal hace varios meses para nuevas localizaciones industriales.
[La Voz de Galicia] Ence sigue conversando con la Xunta para sondear la oportunidad de cerrar su ciclo productivo en Galicia con una fábrica de papel. Pero en paralelo prepara su infraestructura industrial en la península Ibérica para el peor de los escenarios: que no se produzca un traslado de la planta de Pontevedra antes de que caduque su concesión en el año 2018, y que el Gobierno opte por no renovarle el permiso.


El presidente de la primera celulosa española, Juan Luis Arregui, no confirma las intenciones de futuro de la compañía en Galicia. Pero los hechos prueban que Ence baraja solo dos posibilidades. Una es que las autoridades gallegas paguen literalmente el traslado, muy probablemente al filo del 2018, con o sin cierre del ciclo productivo. De momento, el único intento, a través del concurso eólico, resultó un fiasco. Y la otra pasa directamente por abandonar Galicia si no se prorroga la licencia.
El plan estratégico aprobado en el 2007 ya perfilaba la estrategia. El documento congeló las inversiones en la comunidad gallega y, al mismo tiempo, duplicó la producción de la planta asturiana y aumentó entre un 10 y un 20% la de Huelva. Ambas operaciones ya están en marcha. En Navia, el Gobierno del Principado acaba de desbloquear la declaración de impacto ambiental para las obras de la planta de Ence, que pasará de producir 300.000 a 500.000 toneladas a finales del año 2011. La firma confía en poder comenzar las obras a finales de este año o principios del 2010. Y en Andalucía, la compañía culminará también en el horizonte del 2011 una inversión de 20 millones para incrementar un 10% la producción de su fábrica de celulosa en Huelva, hasta las 400.000 toneladas.
En este mismo emplazamiento, la compañía dispone de una reserva de suelo que le permitiría seguir creciendo.
En paralelo, Ence no ha dejado de sondear posibilidades industriales en Portugal, donde reside uno de sus principales competidores en el negocio de la pasta de papel (Portucel) y adonde podría trasladar una parte de la actual producción gallega con menores costes laborales y fiscales.
Fuentes portuguesas confirmaron que durante los últimos meses representantes de la firma que preside Juan Luis Arregui han estudiado emplazamientos y pedido precios de terrenos en el norte del país. Oficialmente, la pastera española no facilita información al respecto.
Fuera de España, Ence se ha preocupado por apuntalar la producción masiva de pasta de papel en Uruguay, donde acomete una inversión de 930 millones de euros para reubicar su factoría y llegar a extraer un millón de toneladas anuales de celulosa.
Preparada para irse
Dentro de nueve años, cuando toque decidir sobre la concesión de Lourizán, Ence estará preparada para prescindir de su planta gallega si fuera necesario. Al menos así lo admiten en el entorno próximo a Juan Luis Arregui, donde se da por buena la estrategia del presidente para apostar por un crecimiento decisivo en Asturias, cuya fábrica se nutre en gran medida de madera procedente de los montes gallegos. Hasta el 2018, las mismas fuentes dan por hecho que la compañía estudiará cuanta propuesta le llegue para mantenerse y crecer en Galicia. Pero solo invertiría en una ampliación del negocio.
Hace pocas semanas, la Xunta admitía haber contactado con Arregui tras la decepción del concurso eólico. En ese encuentro, el presidente de Ence renovó su interés por participar en una papelera dentro de la comunidad autónoma. Pero en todos los supuestos manejados sería un negocio ajeno en el que Ence participaría como socio industrial.
Así ocurría ya con la firma Inveraván Gestión de Inversiones, que reunió a los empresarios gallegos Manuel Jove, Epifanio Campo y Jacinto Rey, junto con la propia Ence, y que aspiraba a un total de 638 megavatios eólicos que, teóricamente, servirían para financiar el polémico proyecto. El grupo se quedó fuera del reparto del viento que manejó el BNG. Y sus socios aclararon después que nunca se comprometieron a abrir una papelera, sino a estudiar las posibilidades del negocio en Galicia, incluyendo el traslado de las instalaciones de Lourizán.

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