Una historia de treinta años de lucha con mucho paralelismo

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La Voz de Galicia. Hay historias que sirven para informar y otras para entretener; pero algunas sirven para reconciliar vidas, vecinos y recuperar la memoria de un pueblo. Así ocurre con el testimonio de treinta años de lucha y resistencia que quedaron plasmados en el documental As Encrobas. A ceo aberto, una producción dirigida y realizada por Xosé Bocixa que se proyecta hoy a las seis de la tarde en la Casa Dopeso de As Pontes. A esta proyección le seguirá, a partir de las siete y media de la tarde, un coloquio con Bocixa y vecinos de As Pontes y Cerceda afectados por las expropiaciones de la mina de carbón en los años setenta.


Este documental cuenta la historia del conflicto vivido en la localidad de Cerceda en los años setenta debido a la aprobación de un decreto por el Gobierno de Franco en el que autorizaba a Fenosa a expropiar para quedarse con el valle de la parroquia de As Encrobas. Los terrenos eran codiciados por la empresa porque bajo esa tierra se escondía un mineral muy valioso: el carbón.
Este hecho marcó una etapa histórica en Galicia. El 15 de febrero de 1977, cientos de campesinos, sobre todo mujeres, subieron a lo alto del valle a defender sus tierras. Doscientos guardias civiles con su capote, su tricornio y su fusil tenían orden de cumplir el trámite burocrático de la expropiación. Los labradores, muchos de ellos con más de setenta años, resistieron las cargas y se negaron a abandonar sus tierras. La revuelta se hizo eco en todo el país e incluso en la prensa internacional, por lo que Fenosa aceptó, días después, negociar con los campesinos mejores precios para comprar sus tierras.
Con toda esta historia, con sus comienzos en los setenta y su prolongación en el futuro, Xosé Bocixa construyó un documental que hoy lleva a As Pontes «polas similitudes que existen entre a historia desta localidade e Meirama», explicó el director. Bocixa nació en la parroquia de As Encrobas y vivió a través de sus ojos de niño cómo Fenosa se instalaba en el valle y como se repetían los enfrentamientos y ataques. «No 77 eu tiña 10 anos, e ver a revolta foi impresionante», recuerda.
Documentos y recuerdos
Bocixa mezcla en su reportaje audiovisual el testimonio y la documentación aportada por los vecinos, técnicos, políticos, empresarios y ecologistas, con sus propios recuerdos, en ocasiones plagados de luz -«era un val moi fértil, onde abundaba a froita»-, o de imágenes terroríficas y dolorosas: «No cemiterio as fendas invadían as lápidas, e os ósos dos nosos mortos quedaban ao descuberto e saían á superficie». El director continúa relatando que «entre o 76 e o 77 comezaron os intentos de ocupación e pouco a pouco o val foise convertendo nun burato de tres quilómetros de longo e foron caendo tódalas aldeas. A xente seguía vivindo en casas con fendas nas que collía unha man, o que forzou o proceso de venda».
Bocixa sostiene que la historia continúa: «Hoxe aínda segue habendo mobilizacións e xuízos por este asunto. No val onde se extrae o carbón hai xente vivindo de xeito illado, e na parte alta, xunto á central, hai unha aldea de corenta casas. Viven en condición pésimas pola contaminación, e non hai forma de recoller cultivos limpos».
Asegura que no tuvo ningún problema para encontrar los testimonios ni para que hablaran, al contrario. «Os problemas hóuboos ao longo destes vintecinco anos, nos que Fenosa conseguiu enfrontar aos veciños. O documental serviu, en certa maneira, para reconciliarse de novo».
Hoy se mantiene erguido en la zona un enorme agujero de la mina de lignito y la chimenea de la central térmica de Meirama, pero pocos conocían el sufrimiento y las alegrías que había generado su instalación. «Os máis novos non sabían toda esta historia e acolleron o documental con moita curiosidade e interese», declaró Bocixa. Con esta mirada al pasado desde el futuro, los jóvenes pudieron reencontrarse con su historia, cargada de contradicciones y de pasiones.

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